La Tan Necesaria Etapa Iniciática
Debe de comprenderse que la Masonería no se refiere simplemente a sobresalir en la vida profana, a tener éxito en lo mundano; la Masonería se refiere a algo superior a lo que el Ser Humano pueda intentar en el mundo, sobrepasando lo masónico en mucho la posición actual de cualquiera, ya sea un político triunfante, un famoso científico, o un respetable panadero o un obrero fabricante de jabones. Lo Masónico empieza con aspiraciones que van mucho más allá a lo que habitualmente conocemos, desde que el Ser Humano ha desarrollado un buen nivel y puede habérselas arreglado con la vida a su propia manera haya tenido éxito o no mucho éxito eso es bastante relativo, en fin que se haya hecho de la vida en una forma bastante razonable. Es decir la Masonería, empieza desde el nivel en el que haya arreglado su vida, lo cual pertenece a la segunda etapa del desarrollo del hombre y la mujer, pero que en su vida constate que el éxito material no lo es todo, y busca darle un plus a su vida, expandiendo en mucho sus campos de visión o percepción. El Ser Humano, se da con la idea que necesita desarrollarse en un sentido más allá de lo profano, quizá lo haga incluso antes de los 20 años, o quizá a los 70 años, es por ello que la iniciación masónica debe estar abierta incluso a jovencitos o a ancianitos, a mujeres y a hombres. Esta etapa iniciática se ocupa de todo lo tocante a un certero nuevo desarrollo de la esencia del alma inmortal y es por eso que tantas cosas aparentemente paradójicas o al menos extrañas se dicen en los Libros Sagrados de todas las Religiones, tales como las que están contenidas en las enseñanzas secretas ocultas en las religiones, acerca del hombre y la mujer y su desarrollo. Todas estas enseñanzas secretas se refieren a dejar que la esencia crezca a expensas de la personalidad profana y ésta es la única manera en que la esencia del alma, cuando es demasiado débil por sí misma para crecer, puede seguir desarrollándose a partir de su personalidad profana, esa es una de los secretos guardados en las tradiciones esotéricas del oriente. En este sentido, la personalidad profana, que se forma en torno de la esencia del Alma, llega a ser eventualmente —si se penetra en esta tercera etapa iniciática— la fuente misma desde la cual la esencia puede crecer aún más. Supongamos que por un individuo la personalidad profana está ricamente desarrollada, de ahí tiene una posibilidad de tomar de esta personalidad y transmutarla en luz. Es, entonces, un hombre exitoso, en el sentido dado por los contextos mundanos o profanos. Este hombre conoce de todo, es una persona importante en el sentido profano o mundano. Pero lo que hay de pobre en él es su esencia del Alma. No es aún un hombre Total, esta aún inacabado, necesita de un plus, muchos recurren a las religiones conocidas buscando esta parte necesaria, otro más en su sentido de desarrollo buscan el camino iniciático, que es más claro. Lo que hace el hombre profano, lo hace para lograr méritos transitorios, o por temor a la pérdida de honor o reputación, pero no hace nada por sí mismo, nada por amor a lo que está haciendo, prescindiendo de los elogios, la autoridad, la posición, la popularidad o cualquier otro beneficio a los ojos del mundo. Supongamos que este hombre sienta, de alguna manera, que su vida ha pasado demasiado rápido y que la muerte es inminente, pronto morirá y siente que no ha hecho lo necesario para trascender a la propia muerte, sabe de dentro de sí que hay que hacer algo. Quiero decir sencillamente que se siente muy vacío a pesar de todas sus "grandes éxitos y riquezas". Tiene una hermosa casa, o joyas, un hombre muy conocido en lo profano, de algún modo obtuvo lo mejor de todo, y sin embargo se siente muy vacío, incluso los domingos va a algún servicio religioso, es una buena persona. Tal hombre se está aproximando a la posible etapa Iniciática Masónica de desarrollo.- Ha llegado ahora a una posición en la cual su esencia del Alma, su parte verdadera, puede crecer, y así reemplazar el sentimiento de vacío por un sentimiento de significación. La gran mayoría que se inician masones y siguen el camino iniciático, se sienten llenos, y capaces de todo. Pero con el fin de que se realice en el hombre este nuevo desarrollo debe empezar, por así decirlo, por sacrificar sus vicios, sus fanatismos, sus falsas ideas, y marchar en dirección opuesta a la que siguió hasta ahora. En otras palabras, debe tener lugar en él una especie de transmutación, lo que está muy bien expresado en la Bíblica Parábola del Hijo Pródigo, y a menos que comprenda que esta etapa iniciática es posible y lleva al hombre y a la mujer a un verdadero desarrollo, nunca comprenderemos qué dicen los Evangelios o a qué se refiere este sistema, a menos que nos enfrentemos a la iniciación masónica, tal cual como cuando el Iniciado Jesús el Cristo llamó a la vida al Muerto Lázaro, por medio de la resurrección iniciática, es claro que este pasaje bíblico habla de una iniciación más que de cualquier otra cosa. – Alcoseri
Debe de comprenderse que la Masonería no se refiere simplemente a sobresalir en la vida profana, a tener éxito en lo mundano; la Masonería se refiere a algo superior a lo que el Ser Humano pueda intentar en el mundo, sobrepasando lo masónico en mucho la posición actual de cualquiera, ya sea un político triunfante, un famoso científico, o un respetable panadero o un obrero fabricante de jabones. Lo Masónico empieza con aspiraciones que van mucho más allá a lo que habitualmente conocemos, desde que el Ser Humano ha desarrollado un buen nivel y puede habérselas arreglado con la vida a su propia manera haya tenido éxito o no mucho éxito eso es bastante relativo, en fin que se haya hecho de la vida en una forma bastante razonable. Es decir la Masonería, empieza desde el nivel en el que haya arreglado su vida, lo cual pertenece a la segunda etapa del desarrollo del hombre y la mujer, pero que en su vida constate que el éxito material no lo es todo, y busca darle un plus a su vida, expandiendo en mucho sus campos de visión o percepción. El Ser Humano, se da con la idea que necesita desarrollarse en un sentido más allá de lo profano, quizá lo haga incluso antes de los 20 años, o quizá a los 70 años, es por ello que la iniciación masónica debe estar abierta incluso a jovencitos o a ancianitos, a mujeres y a hombres. Esta etapa iniciática se ocupa de todo lo tocante a un certero nuevo desarrollo de la esencia del alma inmortal y es por eso que tantas cosas aparentemente paradójicas o al menos extrañas se dicen en los Libros Sagrados de todas las Religiones, tales como las que están contenidas en las enseñanzas secretas ocultas en las religiones, acerca del hombre y la mujer y su desarrollo. Todas estas enseñanzas secretas se refieren a dejar que la esencia crezca a expensas de la personalidad profana y ésta es la única manera en que la esencia del alma, cuando es demasiado débil por sí misma para crecer, puede seguir desarrollándose a partir de su personalidad profana, esa es una de los secretos guardados en las tradiciones esotéricas del oriente. En este sentido, la personalidad profana, que se forma en torno de la esencia del Alma, llega a ser eventualmente —si se penetra en esta tercera etapa iniciática— la fuente misma desde la cual la esencia puede crecer aún más. Supongamos que por un individuo la personalidad profana está ricamente desarrollada, de ahí tiene una posibilidad de tomar de esta personalidad y transmutarla en luz. Es, entonces, un hombre exitoso, en el sentido dado por los contextos mundanos o profanos. Este hombre conoce de todo, es una persona importante en el sentido profano o mundano. Pero lo que hay de pobre en él es su esencia del Alma. No es aún un hombre Total, esta aún inacabado, necesita de un plus, muchos recurren a las religiones conocidas buscando esta parte necesaria, otro más en su sentido de desarrollo buscan el camino iniciático, que es más claro. Lo que hace el hombre profano, lo hace para lograr méritos transitorios, o por temor a la pérdida de honor o reputación, pero no hace nada por sí mismo, nada por amor a lo que está haciendo, prescindiendo de los elogios, la autoridad, la posición, la popularidad o cualquier otro beneficio a los ojos del mundo. Supongamos que este hombre sienta, de alguna manera, que su vida ha pasado demasiado rápido y que la muerte es inminente, pronto morirá y siente que no ha hecho lo necesario para trascender a la propia muerte, sabe de dentro de sí que hay que hacer algo. Quiero decir sencillamente que se siente muy vacío a pesar de todas sus "grandes éxitos y riquezas". Tiene una hermosa casa, o joyas, un hombre muy conocido en lo profano, de algún modo obtuvo lo mejor de todo, y sin embargo se siente muy vacío, incluso los domingos va a algún servicio religioso, es una buena persona. Tal hombre se está aproximando a la posible etapa Iniciática Masónica de desarrollo.- Ha llegado ahora a una posición en la cual su esencia del Alma, su parte verdadera, puede crecer, y así reemplazar el sentimiento de vacío por un sentimiento de significación. La gran mayoría que se inician masones y siguen el camino iniciático, se sienten llenos, y capaces de todo. Pero con el fin de que se realice en el hombre este nuevo desarrollo debe empezar, por así decirlo, por sacrificar sus vicios, sus fanatismos, sus falsas ideas, y marchar en dirección opuesta a la que siguió hasta ahora. En otras palabras, debe tener lugar en él una especie de transmutación, lo que está muy bien expresado en la Bíblica Parábola del Hijo Pródigo, y a menos que comprenda que esta etapa iniciática es posible y lleva al hombre y a la mujer a un verdadero desarrollo, nunca comprenderemos qué dicen los Evangelios o a qué se refiere este sistema, a menos que nos enfrentemos a la iniciación masónica, tal cual como cuando el Iniciado Jesús el Cristo llamó a la vida al Muerto Lázaro, por medio de la resurrección iniciática, es claro que este pasaje bíblico habla de una iniciación más que de cualquier otra cosa. – Alcoseri
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Fraternalmente Vicente Alcoseri
Simbolismo : EL SIMBOLISMO ZODIACAL EN EL TEMPLO MASONICO 1
(Mensaje original) Enviado: 14/06/2006 08:27 p.m.
La Masonería Simbólica fundamenta su labor docente a través de los
símbolos, y, a partir de aquellos que físicamente adornan el Templo,
promueve el estudio y la acción transformadora de sus miembros, en su
formidable Obra inmaterial, axiológica y Espiritual. Los símbolos que
ornamentan este lugar consagrado al Hombre y a su relación con la Obra
del Gran Arquitecto, son motivo de la indagación intelectual de sus
adeptos, desde el momento en que se nos confiere el privilegio de la
Iniciación, siendo conducidos al estudio de la significación esotérica
y exotérica de aquello que se presenta ante nuestros ojos: las
herramientas de cada grado, el ara, el libro, el pavimento mosaico,
las columnas del pórtico, la cadena, la bóveda celestial, las luces de
los sitiales, en fin. Todos ellos nos sugieren un conjunto de
posibilidades, que estimulan al estudio, a la reflexión, y a la más
intensa vivencia espiritual.
Miles de horas, miles de páginas, han dedicado los masones en cada
generación, para escudriñar las alternativas y variables de
interpretación, que proponen los distintos componentes del Templo. Sin
embargo, aquel elemento simbólico menos abordado, es la representación
de los signos zodiacales en las 12 columnas que sostienen la bóveda
celestial.
No es un aspecto poco significativo. De hecho, por ejemplo, desde la
fundación de la Revista Masónica hasta 1994, solo se publicaron en sus
páginas tres trabajos relativos al tema, lo que constituye una muy
baja cifra, si consideramos que sobre el simbolismo de la piedra
bruta, se publicaron 38 trabajos.
En los Programas de Docencia de la Gran Logia de Chile, en las últimas
cinco décadas, incluido el actualmente vigente que data de 1998,
temáticamente no aparece propuesto el simbolismo zodiacal en ninguno
de los tres grados simbólicos. Solo se hace presente en los planes de
la Masonería Filosófica o Capitular, a pesar de que, desde el momento
de ver la luz, el Aprendiz ve desplegado ante sus ojos los doce
signos, ordenados de izquierda a derecha, los cuales le acompañarán
durante toda su vida iniciática. No es una indiferencia menor respecto
a este símbolo, y ha sido, precisamente, aquella falta de intensidad
en las indagaciones simbólicas de la Masonería Chilena, la que me ha
motivado, muy especialmente, para abordar este aspecto simbólico, con
la esperanza de incitar a quienes puedan estar indiferentes frente a
su inamovible presencia, por siglos, en los talleres de la Orden.
Cotidianamente, en nuestros Talleres nos reunimos entre doce columnas,
que, simbólicamente, sostienen el espacio sideral, en cada una de las
cuales se encuentra una imagen que representa a uno de los signos
zodiacales. Allí se encuentran, muchas veces ignorados en la
cotidianidad de nuestras preocupaciones iniciáticas, sugiriéndonos
que, en tiempos pasados, la Masonería
originaria quiso dejar en uno de los lugares más importantes de la
logia una presencia simbólica singular.
Es mi intención, en el plan de esta plancha, dar una visión que
abarque los siguientes aspectos fundamentales: a) una indagación sobre
el conocimiento zodiacal en la historia humana; b) los contenidos del
conocimiento zodiacal en la Masonería; c) tratar de interpretar la
baja opción investigativa de los masones chilenos de las recientes
generaciones frente a éste símbolo fundamental, y d), proponer una
visión personal sobre lo que implica el conocimiento zodiacal, desde
una perspectiva gnoseológica y lo que, masónicamente, su simbolismo
representa.
Desde luego, no hay una pretensión de dar una respuesta definitiva al
respecto. Solo es un intento de reflexión que da cuenta de algunas
perspectivas personales, que someto al libre juicio de los VV\ HH\ de
ésta Resp\ L\ de Investigación.
EL ZODIACO Y EL CONOCIMIENTO ASTROLOGICO.
El término "Zodiaco" proviene del griego, que significa cintura de lo
viviente, círculo de la vida o círculo de los seres vivos.
Etimológicamente provendría de los vocablos Zoon, que quiere decir ser
vivo, y dia, que significa a través.
El Zodiaco es una zona del espacio sideral, determinada por un
observador terrestre, que se extiende a lo largo de la ecliptica u
órbita descrita por la Tierra, en su movimiento anual de traslación
alrededor del Sol. La determinación del ancho de esa banda, ha variado
con el tiempo, para comprender dentro de ella el desplazamiento
aparente – para un observador terrestre, insisto – de los planetas y
astros que se requieren para el estudio astrológico. Esta franja debe
comprender en ella el tránsito que el Sol, la Luna y los planetas
recorren durante un año, pasando por las constelaciones, que da nombre
a cada signo, o aproximándose a ellas.
Desde antiguo, esta franja de 360 grados está dividida en doce partes
iguales, de 30 grados cada una, que reciben el nombre de las doce
constelaciones que se encuentran ubicadas dentro o cerca de ese
espacio. El nombre les fue conferido simbólicamente, de acuerdo a las
características que se percibieron en aquellas épocas en cada
constelación: Aries (el carnero), Tauro (el toro), Géminis (los
gemelos), Cáncer (el cangrejo), Leo (el león), Virgo (la virgen),
Libra (la balanza), Escorpio (el escorpión), Sagitario (el arquero),
Capricornio (la cabra), Acuario (el aguador) y Piscis (los peces).
El desplazamiento de los astros, en el fondo estelar, según un
observador ocular desde la superficie terrestre, ha sido el fundamento
para desarrollar el conocimiento zodiacal. Como todos los planetas
cambian de posición en el citado espacio, durante el año, describiendo
singulares derroteros, se establecen distintas lecturas e
interpretaciones, sobre las proximidades que, unos y otros, tengan, en
un día determinado, e incluso, en una hora determinada. Es lo que se
conoce como horóscopo (imagen de la hora), es decir, la hora astral
del suceso o evento a estudiar, que presenta características
específicas para ese momento en particular.
Por ejemplo, si observamos el planeta Marte, tomando como referencia
determinadas estrellas, éste se desplaza durante algunos meses
siguiendo una línea ligeramente curva, para luego hacer un giro ovoide
(retrogradación), siguiendo por último, el mismo sentido anterior. El
curso de ese desplazamiento, con respecto al del Sol, de la Luna y de
los demás planetas, permite establecer relaciones frente a
determinados procesos, que tienen que ver con la Naturaleza y con el
Hombre, desde un aspecto individual y/o colectivo. Primitivamente, los
planetas considerados para el estudio zodiacal, fueron cinco:
Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, sumados a las dos
luminarias: el Sol y la Luna, que, en la terminología astrológica, se
llaman también "planetas". Mas adelante, con el descubrimiento de los
nuevos planetas, se agregaron Urano, Neptuno y Plutón. El estudio
zodiacal es lo que conocemos como astrología. Inicialmente, la
astrología tuvo una perspectiva eminentemente natural, es decir, tenía
que ver esencialmente con los fenómenos de la naturaleza. En la medida
que se vinculó a los astros con los acontecimientos humanos, surgió lo
que algunos llaman astrología judiciaria.
Durante muchos siglos se pretendió que, del estudio de los astros, se
podían establecer "presagios" que afectarían los conglomerados
sociales (locales, nacionales, etc.). De allí que se habla de una
astrología colectivista. Sin embargo, a partir del desarrollo
astrológico en la Grecia Antigua, tomará un curso básicamente
individual, que apuntará a la determinación del carácter individual,
mas que a la definición del futuro colectivo.
Según la Astrología, el aparente desplazamiento de los planetas por el
Zodiaco, establece relaciones que determinan influencias en el
nacimiento de las personas, moldeando sus rasgos fundamentales de
índole espiritual y física. Ello constituye el hecho astrológico,
expresado en el ciclo de la natividad y el individuo al cual
pertenece. Esta aseveración no tiene demostración científica taxativa,
pero, para el entender de los astrólogos, posee fundamento en el
análisis estadístico de las frecuencias en las tendencias zodiacales.
Como metodología de trabajo, se construye la Carta Astral, un diseño
gráfico, sobre un trazado circular, donde, a través de ciertas
definiciones preestablecidas y algunos cálculos matemáticos, se ubican
los planetas, representados con símbolos específicos, logrando, en
definitiva, hacer una lectura del resultado gráfico que se obtenga.
Para esa lectura existen también ciertas tablas o constantes de apoyo,
de acuerdo a la posición de cada componente en el plano
circunferencial de la Carta Astral, las que señalan determinadas
tendencias que ayudan a lograr el objetivo (definición de rasgos de
personalidad, influencias, eventualidades, etc.).
Como toda forma de conocimiento, a través de los tiempos, ha ido
variando muchas de sus afirmaciones y conceptos, producto del propio
desarrollo del pensamiento humano y de su acción esclarecedora. Desde
las primeras aproximaciones de los caldeos hasta nuestros días, los
cambios de perspectivas y referencias en la astrología han sido
notables, como lo han sido los propios cambios en otras disciplinas
mas reputadas en el ámbito del pensamiento empírico.
Los descubrimientos, los cambios de perspectivas, la acción de la
ciencia, los aportes de la filosofía, en fin, han permitido modificar
la comprensión que tiene el Hombre de la Naturaleza, así como han
tenido un profundo impacto en los parámetros que dan sustento al
estudio astrológico. Constituye un error pensar que la astrología se
ha enclaustrado en sus referencias ptolomeicas o renacentistas. Mucha
de la crítica dura contra el conocimiento zodiacal, basa sus
argumentos en las visiones más arcaicas del conocimiento astrológico,
sin considerar que, como el hombre, el estudio zodiacal, efectuado por
hombres, está evolucionando permanentemente, poniéndose al día,
reconsiderando sus afirmaciones cardinales.
A través de los tiempos, las ópticas de estudio de los fenómenos de la
naturaleza y su relación con el hombre, han variado en su eje o centro
de observación. En algunas oportunidades ha predominado el
geocentrismo, es decir, el predominio de observación teniendo a la
Tierra como centro. En otras, ha sido el antropocentrismo, es decir,
una visión que tiene como centro al Hombre. En ocasiones, el
predominio ha sido nomocentrista, es decir, sostenida en las leyes.
También el teocentrismo, la visión a partir de la religión, ha tenido
una presencia muy gravitante, como, en momentos, la visión
deocéntrica, que sostiene la realidad centrada en
Dios. En cada una de éstas visiones, la astrología ha ganado un lugar,
compatibilizando sus planteamientos.
Con todo, el estudio astrológico no es absolutamente objetivo, ya que
en él pueden incidir factores subjetivos, propios de la profundidad
del conocimiento del que interpreta los fenómenos zodiacales. La
cuestión a discernir, frente a esta forma de conocimiento, es un tema
de resolución personal. Si los movimientos de los planetas y del Sol y
la Luna, producen efectos en las personas o en la Naturaleza, sigue
siendo un tema de debate que no concluirá en lo inmediato. Si esos
efectos tienen un índice de frecuencias suficiente, como para
demostrar el nivel de acierto de la astrología, es el gran tema a
resolver para la aceptación plena de la misma.
LA ASTROLOGIA DESDE SUS ORIGENES HASTA PTOLOMEO.
En el principio de su civilización, el hombre, en su percepción más
elemental e intuitiva, observó la imponente bóveda celestial, en las
sobrecogedoras noches de los tiempos inmemoriales, y absorto y
maravillado, por lo que tenía desplegado frente a sus ojos, consideró
que aquel firmamento tachonado de luces titilantes debía tener un
origen sobrenatural. No pudo evitar, seguramente, asociar aquello a
una idea de divinidad, y estableció entonces formas de culto hacia los
luceros y estrellas, los que identificó con nombres de dioses. Es lo
que, para efectos de estudio, llamamos astrolatría.
Con el paso de los siglos, fue comprobando que los hechos cotidianos
podían relacionarse con aquellos cuerpos celestiales. La Luna
influenciaba las mareas, además de tener alguna coincidencia con los
periodos de fertilidad de las mujeres. El Sol determinaba los ciclos
climáticos. Las estrellas del firmamento permitían la orientación
nocturna.
Sin embargo, a medida que fueron surgiendo mayores interrogantes sobre
lo que ocurría en el cielo, la experiencia contemplativa fue siendo
sustituida por el activo deseo de develar los misterios de la
existencia humana, entendida como un fenómeno estrechamente ligado a
la existencia del cosmos. Así, la astrolatría cedió su sitio a la
astrología. Sin duda, existió gran actividad astrológica mucho antes
de los primeros documentos de ese carácter que hemos conocido con
posterioridad. Investigaciones llevadas a cabo sobre inscripciones
arqueológicas de la Edad del Hielo, indican, por ejemplo, que el
hombre conocía los periodos lunares hace mas de 32.000 años. Se han
encontrado antecedentes astrológicos del reino de Sargón de Agade,
alrededor del año
2.870 A.de C., que muestran predicciones basadas en las posiciones del
Sol, la Luna y los cinco planetas entonces conocidos, mas una serie de
datos sobre otros fenómenos, incluidos cometas y meteoritos.
No obstante fueron los caldeos los primeros en dejar una herencia
específica en el estudio zodiacal y en el desarrollo de la astrología.
Los caldeos, astrónomos y matemáticos agudos, observaron que los
acontecimientos del cielo tenían un mismo patrón: las estrellas en el
cielo se movían en el firmamento siguiendo un orden fijo, y los
planetas se desplazaban casi en un
mismo plano sobre el espacio estelar. Desde luego, era una observación
simplemente ocular, y de naturaleza eminentemente terrestre. Estas
observaciones los llevó a la conclusión de que los planetas seguían
determinadas leyes, diseñándose las primeras tablas de los movimientos
planetarios, siendo las más antiguas las que datan de la época del
reinado asirio de Asurbanipal.
Para confeccionar su sistema cosmológico, los caldeos utilizaron doce
constelaciones, por las que el Sol y la Luna pasaban periódicamente.
Fundados en esa estructura cognitiva, se dedicaron a hacer
predicciones sobre los grandes acontecimientos que podían afectarlos
como nación, y las repercusiones que ellos podían traer (guerras,
inundaciones, eclipses, en fin). Estos conocimientos fueron heredados
por las culturas posteriores, tales como la egipcia, la griega y
romana. En el Egipto Antiguo, se estima que fueron introducidos en
tiempos también remotos, aunque su mayor difusión parece haberse
logrado en el siglo III A.de C., bajo el Imperio de Alejandro Magno.
En los muros de los templos egipcios es posible aún consignarlo,
siendo el más célebre el Zodiaco esculpido en el Templo de Hathor, en
Déndera (Alto Egipto). Importancia especial tuvo en la cultura
helénica, el aporte de la escuela pitagórica, la primera en llamar
cosmos a todo lo existente, implicando una reciprocidad de efectos
entre el Universo y el Hombre, sosteniendo un principio de armonía, no
basado en la divinización de los astros, sino que en su número, medida
y en leyes geométricas. Hiparco de Nicea, en tanto, fue quien reafirmó
dentro de la Grecia Antigua la idea de las doce divisiones, dándoles
el nombre de las constelaciones más cercanas, y detectó el fenómeno
conocido como precesión de los equinoccios.
En tanto, durante el apogeo del Imperio Romano, el arte de la
adivinación, sostenido en el conocimiento astrológico, proliferó de
tal manera que se hizo habitual su dominio por mercanchifles y
charlatanes, oportunistas que contribuyeron históricamente al
desprestigio de quienes se dedicaban seriamente al estudio zodiacal,
al punto que, muchas de las descalificaciones que hoy sostienen los
argumentos contra la astrología, descansan en esa herencia cultural.
Otras civilizaciones antiguas también desarrollaron un importante
aporte al conocimiento astrológico. En la India se han encontrado
vestigios de 5.000 años de antigüedad. Los nombres que los hindúes de
hace 2.000 años, dieron a los signos de su zodiaco, fueron
coincidentes, en su gran mayoría, con los nombres usados por los
griegos. Los chinos, en tanto, desarrollaron su propia interpretación
astrológica, dividiendo los signos astrológicos en 5 moradas – un
punto central y cuatro regiones cardinales – y cinco elementos –
madera, fuego, tierra, metal y agua -, los que, a su vez, se agrupan
en dos géneros: el Tang (macho, claridad, actividad), y el Ying
(hembra, oscuridad, pasividad). Los signos chinos recibieron los
nombres de los animales más próximos a su cultura, y se identificaron
con las características de éstos: rata, buey, tigre, liebre, dragón,
serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro y cerdo. Estos signos no
dividen la franja del firmamento, como en el zodiaco babilónico, sino
en el ecuador, y cada signo corresponde a cada una de las doce horas
dobles, usadas para medir el día y los doce meses del año. Mucho mas
tardíamente, son dignos de mención los estudios astrológicos de los
árabes, que tuvieron a Albumansur, hacia los años 800 D.de C., como
uno de sus principales exponentes. Es importante tener presente, que
los mayas y toltecas, también desarrollaron un estudio zodiacal, a
pesar de no haber tenido, aparentemente, relación con las cultural
mediterráneas u orientales.
Sin embargo, no cabe duda que el aporte más fundamental al estudio de
los astros, y al desarrollo científico de la astrología, provino de la
cultura griega y del helenismo. No es una casualidad, si consideramos
el contexto cultural que favorece esa potenciación. En Alejandría,
capital del Egipto desde el siglo III A.de C., gracias al sistemático
trabajo de Ptolomeo (138-180 D.de C.), se establecen los enunciados
sobre los cuales se interpretará el Universo a través de mas de un
milenio. Es él quien formula una cosmovisión geocéntrica del mundo,
especialmente en su libro Almagesto, que, mas allá de sistematizar la
perspectiva astronómica de su época, indicaba que la Tierra era el
centro del Universo, lo que le lleva a interpretar una visión humana
del mundo, donde el conocimiento astrológico es lo medular.
Recordemos que para los griegos la visión de la Tierra era esferoide,
ya desde Eratóstenes (siglo III A.de C.), concepción que cambiaría en
el mundo cristiano con Kosmas (500 años D.de C.), que aplicó la
doctrina eclesiástica de un mundo plano, en el cual, el Paraíso estaba
en el Este. En su obra Tetrabilón, Ptolomeo ordena las herencias
astrológicas mesopotámicas, egipcias y griegas, formula la categoría
de los signos, respecto de los llamados "planetas regentes" y plantea
la importancia del horóscopo individual, apartándose de la astrología
colectivista que había predominado hasta entonces.
Esta visión ptolomeica era absolutamente compatible con los valores y
el sentido de armonía de los griegos, donde el hombre se sentía en el
centro del Universo, y la finalidad de su existencia era el desarrollo
total y armónico del cuerpo y el alma. Las dos máximas que estaban
grabadas en el Templo de Apolo : "Nada en Exceso" y "Conócete a ti
mismo", eran las referencias que
servían para indicar el camino del autoconocimiento, del autodominio y
la moderación, con relación a sí mismos, y en relación con el
Universo.
A la luz de la historiografía modernista, hoy día el legado de
Ptolomeo es reconocido en el ámbito de la astronomía, de las
matemáticas, de la física y de la cartografía, ocultándose que no fue
un astrónomo, sino que un astrólogo, cuyo aporte a la comprensión del
hombre en el Universo, estuvo marcado por una cosmovisión que contenía
lo fundamental del hombre griego que exaltó Alejandro Magno.
LA IMPORTANCIA DE LA ASTROLOGIA EN EL RENACIMIENTO.
Con el advenimiento de la Edad Media, se expresó claramente el dilema
de los teólogos, en torno a clasificar a la astrología como ciencia o
como arte adivinatorio prohibido. La pérdida irreparable de Alejandría
y de su influencia cultural en el mundo mediterráneo, el anatema sobre
aquellos pensadores cristianos que estaban en contradicción con la
impronta de San Agustín de
Hipona, creó las condiciones para la satanización religiosa de la
astrología. Así, por ejemplo, John de Salisbury (1115-1180) plantearía
que aquella usurpaba las prerrogativas del Creador.
Pese a ello, algunas Universidades de la Edad Media, enseñaban
astrología, como la de Bolonia (desde 1125) y Cambridge (1250)
En el siglo XIII, San Alberto Magno (1200-1280), separaría claramente
la astrología de sus asociaciones paganas, planteando que las
estrellas no podían incidir en el alma humana, aunque podían influir
en el cuerpo y en la voluntad de los hombres. Santo Tomás de Aquino
(1225-1274), reforzando aquel punto de vista, llegó a afirmar que la
astrología podía considerarse un complemento de las visiones que la
Iglesia tenía del Universo. El planteamiento tomista adquirirá tal
arraigo, a nivel de la jerarquía esclesiástica, al punto que varios
Papas contaron en su círculo de asesores o cortesanos, a uno o mas
astrólogos. En los siglos inmediatamente siguientes, el estudio
astrológico adquirirá gran relevancia y gran difusión, como
consecuencia de la expansión espiritual que significó el Renacimiento.
Esta época constituyó la reposición o recuperación de los conceptos
fundamentales del helenismo, luego de casi mil años de oscuridad
cultural, impuesta por los dogmas de la fe y el poder confesional. Los
conceptos griegos de armonía, de un Universo en que todo estaba
relacionado, y cuyos componentes eran inter-dependientes, recuperó
presencia en el mundo cultural occidental.
En virtud de ello, la astrología cobró especial importancia, así como
se pudo desarrollar la alquimia. Había una valoración de los
componentes de la Naturaleza, dentro de los cuales estaba el Hombre,
como expresión culmine de la Obra del Creador. Por eso, se recuperó la
singular valoración por la belleza humana, por el sentido armónico
entre éste y Dios (recordemos el notable fresco de la Capilla Sixtina,
obra de Miguel Angel, en que el Hombre y su Creador, refulgen en sus
anatomías físicas, el uno junto al otro, componiendo una misma
realidad). El antropocentrismo significaba que el Hombre estaba, pues,
en el centro de la Creación, no que era el centro mismo, ya que el
centro estaba ocupado por el Creador.
Consecuencia de esto, en la primera parte del Renacimiento, hubo
intelectuales de trascendente importancia para la civilización
occidental, que no fueron ignorantes del estudio astral y a su posible
gravitación en el ser humano.
Uno de estos fue, sin duda alguna, Theophrastus Bombast von Hohenheim
(1490-1541), mas conocido como Paracelso, verdadero padre de la
medicina basada en la quimioterapia. Médico, alquimista, filósofo,
astrólogo. Sin duda, representa a un arquetipo del hombre
renacentista. A pesar de que nunca incursionó en la definición de
horóscopos, avanzó profundamente en la relación de los astros con el
cuerpo humano, así como con los minerales y las plantas. Esto fue muy
gravitante en sus formulaciones respecto del uso de sustancias
químicas en el tratamiento e enfermedades. Una de sus afirmaciones mas
relevantes, que, desde hace algún tiempo, cobran especial fuerza en el
estudio psicosomático, es la relativa a la relación de los fenómenos
físicos con los psíquicos, en una concepción unitaria del cuerpo
humano, que Paracelso relaciona íntimamente con la influencia astral.
Vale considerar en ésta perspectiva, en el mismo contexto, al sabio de
Vinci, Leonardo (1452-1519), quien, con celo investigador y una
profunda mirada, no se sustrajo a ese espejo de la armonía universal,
que es el cielo estrellado, donde seguramente encontró la confirmación
de que había descubierto, en la indagación del cuerpo humano y en su
sensibilidad humanista: el mundo en miniatura – el hombre o
microcosmos – es una reproducción de un modelo más grande – el
universo o macrocosmos.
Casi contemporáneamente a Leonardo, el concepto geocéntrico de
Ptolomeo, comenzaba a desmoronarse con las tesis de Copérnico, que, en
1543, el mismo año de su muerte, plantea en su libro De revolutlanbus
arblum caelestlum, que la Tierra no era el centro del Universo, sino
que el Sol, en torno al cual giraban los planetas.
La teoría de Copérnico afectó profundamente las tesis de los
astrólogos, y la Iglesia Católica se declaró enconada enemiga de la
misma, porque echaba por tierra su propio planteamiento de planitud
terrestre. Quien sufriría los peores embates a causa del planteamiento
copernicano, será Galileo, quien trató de hacerlas evidentes, a través
de sus observaciones efectuadas con un telescopio, recibiendo las
condenas de la jerarquía de la iglesia papal, que lo obligó a
retractarse. Como sabemos, esta teoría será luego profundizada por
Kepler, quien formula la ley del movimiento planetario, la velocidad
de los planetas y la naturaleza de sus órbitas alrededor del Sol.
Kepler (1571-1630) sostuvo que "la ciencia de los astros se divide en
dos partes: la primera, la astronomía, se refiere a los movimientos de
los cuerpos celestes; la segunda, la astrología, a los efectos de los
mismo cuerpos en un mundo sublunar". De hecho, su decidida opción
astrológica, lo llevó a escribir varios libros al respecto.
Sementovsky-Kurilo plantea que la intención de alejar a Kepler de la
astrología, por parte de ciertos historiadores, pretende
superlativizar al científico en relación al hombre, pues, su obra,
como expresión coherente de su personalidad, fue profundamente
sensible a la armonía estructural de las cosas que hay en la
naturaleza. "La astrología aparece a los ojos de Kepler – dice ese
tratadista – como una ciencia, en sus premisas fundamentales, debido a
los descubrimientos de la astronomía, y como un arte, en su aplicación
práctica, que exige del astrólogo una aguda sensibilidad, lo que, en
lenguaje cotidiano, significa asociación imaginativa de intuición
psicológica".
Kepler, no solo se limitó a crear un sistema cosmológico con carácter
genérico, sino que supo intuir la forma efectiva en la que se
concretan las relaciones entre el cosmos y el hombre, proponiendo la
existencia de un elemento activo, irradiado por los cuerpos celestes,
que constituye algo así como la quintaesencia en movimiento, y que
puede hoy homologarse con las comprobaciones de la física
contemporánea respecto de la masa y onda de la luz. Se puede decir,
dice Sementovsky-Kurilo, que, con Kepler, termina la era de las
grandes cosmologías. Nada de lo que se ha hecho, posteriomente,
alcanza la profundidad y amplitud de
aquellas. Lo que siguió en adelante, fueron la fragmentación, la
unilateralidad, y el reduccionismo.
Efectivamente, en un momento del Renacimiento, hubo una ruptura entre
el humanismo, que centraba sus objetivos en el Hombre y en su
desarrollo espiritual, para centrarlo exclusivamente en el desarrollo
material. El antropocentrismo, es decir, el Universo centrado en el
hombre, fue sustituido y reemplazado por una visión en que el Universo
es el hombre, ignorando el efecto de su acción en el resto de la
cadena de la vida.
https://groups.google.com/ forum/#!searchin/ secreto-masonico/ EL$20SIMBOLISMO$20ZODIACAL% 7Csort:relevance/ secreto-masonico/ YT1dCAILfQo/Nqa2LsRir7AJ
—(Mensaje original) Enviado: 14/06/2006 08:27 p.m.
La Masonería Simbólica fundamenta su labor docente a través de los
símbolos, y, a partir de aquellos que físicamente adornan el Templo,
promueve el estudio y la acción transformadora de sus miembros, en su
formidable Obra inmaterial, axiológica y Espiritual. Los símbolos que
ornamentan este lugar consagrado al Hombre y a su relación con la Obra
del Gran Arquitecto, son motivo de la indagación intelectual de sus
adeptos, desde el momento en que se nos confiere el privilegio de la
Iniciación, siendo conducidos al estudio de la significación esotérica
y exotérica de aquello que se presenta ante nuestros ojos: las
herramientas de cada grado, el ara, el libro, el pavimento mosaico,
las columnas del pórtico, la cadena, la bóveda celestial, las luces de
los sitiales, en fin. Todos ellos nos sugieren un conjunto de
posibilidades, que estimulan al estudio, a la reflexión, y a la más
intensa vivencia espiritual.
Miles de horas, miles de páginas, han dedicado los masones en cada
generación, para escudriñar las alternativas y variables de
interpretación, que proponen los distintos componentes del Templo. Sin
embargo, aquel elemento simbólico menos abordado, es la representación
de los signos zodiacales en las 12 columnas que sostienen la bóveda
celestial.
No es un aspecto poco significativo. De hecho, por ejemplo, desde la
fundación de la Revista Masónica hasta 1994, solo se publicaron en sus
páginas tres trabajos relativos al tema, lo que constituye una muy
baja cifra, si consideramos que sobre el simbolismo de la piedra
bruta, se publicaron 38 trabajos.
En los Programas de Docencia de la Gran Logia de Chile, en las últimas
cinco décadas, incluido el actualmente vigente que data de 1998,
temáticamente no aparece propuesto el simbolismo zodiacal en ninguno
de los tres grados simbólicos. Solo se hace presente en los planes de
la Masonería Filosófica o Capitular, a pesar de que, desde el momento
de ver la luz, el Aprendiz ve desplegado ante sus ojos los doce
signos, ordenados de izquierda a derecha, los cuales le acompañarán
durante toda su vida iniciática. No es una indiferencia menor respecto
a este símbolo, y ha sido, precisamente, aquella falta de intensidad
en las indagaciones simbólicas de la Masonería Chilena, la que me ha
motivado, muy especialmente, para abordar este aspecto simbólico, con
la esperanza de incitar a quienes puedan estar indiferentes frente a
su inamovible presencia, por siglos, en los talleres de la Orden.
Cotidianamente, en nuestros Talleres nos reunimos entre doce columnas,
que, simbólicamente, sostienen el espacio sideral, en cada una de las
cuales se encuentra una imagen que representa a uno de los signos
zodiacales. Allí se encuentran, muchas veces ignorados en la
cotidianidad de nuestras preocupaciones iniciáticas, sugiriéndonos
que, en tiempos pasados, la Masonería
originaria quiso dejar en uno de los lugares más importantes de la
logia una presencia simbólica singular.
Es mi intención, en el plan de esta plancha, dar una visión que
abarque los siguientes aspectos fundamentales: a) una indagación sobre
el conocimiento zodiacal en la historia humana; b) los contenidos del
conocimiento zodiacal en la Masonería; c) tratar de interpretar la
baja opción investigativa de los masones chilenos de las recientes
generaciones frente a éste símbolo fundamental, y d), proponer una
visión personal sobre lo que implica el conocimiento zodiacal, desde
una perspectiva gnoseológica y lo que, masónicamente, su simbolismo
representa.
Desde luego, no hay una pretensión de dar una respuesta definitiva al
respecto. Solo es un intento de reflexión que da cuenta de algunas
perspectivas personales, que someto al libre juicio de los VV\ HH\ de
ésta Resp\ L\ de Investigación.
EL ZODIACO Y EL CONOCIMIENTO ASTROLOGICO.
El término "Zodiaco" proviene del griego, que significa cintura de lo
viviente, círculo de la vida o círculo de los seres vivos.
Etimológicamente provendría de los vocablos Zoon, que quiere decir ser
vivo, y dia, que significa a través.
El Zodiaco es una zona del espacio sideral, determinada por un
observador terrestre, que se extiende a lo largo de la ecliptica u
órbita descrita por la Tierra, en su movimiento anual de traslación
alrededor del Sol. La determinación del ancho de esa banda, ha variado
con el tiempo, para comprender dentro de ella el desplazamiento
aparente – para un observador terrestre, insisto – de los planetas y
astros que se requieren para el estudio astrológico. Esta franja debe
comprender en ella el tránsito que el Sol, la Luna y los planetas
recorren durante un año, pasando por las constelaciones, que da nombre
a cada signo, o aproximándose a ellas.
Desde antiguo, esta franja de 360 grados está dividida en doce partes
iguales, de 30 grados cada una, que reciben el nombre de las doce
constelaciones que se encuentran ubicadas dentro o cerca de ese
espacio. El nombre les fue conferido simbólicamente, de acuerdo a las
características que se percibieron en aquellas épocas en cada
constelación: Aries (el carnero), Tauro (el toro), Géminis (los
gemelos), Cáncer (el cangrejo), Leo (el león), Virgo (la virgen),
Libra (la balanza), Escorpio (el escorpión), Sagitario (el arquero),
Capricornio (la cabra), Acuario (el aguador) y Piscis (los peces).
El desplazamiento de los astros, en el fondo estelar, según un
observador ocular desde la superficie terrestre, ha sido el fundamento
para desarrollar el conocimiento zodiacal. Como todos los planetas
cambian de posición en el citado espacio, durante el año, describiendo
singulares derroteros, se establecen distintas lecturas e
interpretaciones, sobre las proximidades que, unos y otros, tengan, en
un día determinado, e incluso, en una hora determinada. Es lo que se
conoce como horóscopo (imagen de la hora), es decir, la hora astral
del suceso o evento a estudiar, que presenta características
específicas para ese momento en particular.
Por ejemplo, si observamos el planeta Marte, tomando como referencia
determinadas estrellas, éste se desplaza durante algunos meses
siguiendo una línea ligeramente curva, para luego hacer un giro ovoide
(retrogradación), siguiendo por último, el mismo sentido anterior. El
curso de ese desplazamiento, con respecto al del Sol, de la Luna y de
los demás planetas, permite establecer relaciones frente a
determinados procesos, que tienen que ver con la Naturaleza y con el
Hombre, desde un aspecto individual y/o colectivo. Primitivamente, los
planetas considerados para el estudio zodiacal, fueron cinco:
Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, sumados a las dos
luminarias: el Sol y la Luna, que, en la terminología astrológica, se
llaman también "planetas". Mas adelante, con el descubrimiento de los
nuevos planetas, se agregaron Urano, Neptuno y Plutón. El estudio
zodiacal es lo que conocemos como astrología. Inicialmente, la
astrología tuvo una perspectiva eminentemente natural, es decir, tenía
que ver esencialmente con los fenómenos de la naturaleza. En la medida
que se vinculó a los astros con los acontecimientos humanos, surgió lo
que algunos llaman astrología judiciaria.
Durante muchos siglos se pretendió que, del estudio de los astros, se
podían establecer "presagios" que afectarían los conglomerados
sociales (locales, nacionales, etc.). De allí que se habla de una
astrología colectivista. Sin embargo, a partir del desarrollo
astrológico en la Grecia Antigua, tomará un curso básicamente
individual, que apuntará a la determinación del carácter individual,
mas que a la definición del futuro colectivo.
Según la Astrología, el aparente desplazamiento de los planetas por el
Zodiaco, establece relaciones que determinan influencias en el
nacimiento de las personas, moldeando sus rasgos fundamentales de
índole espiritual y física. Ello constituye el hecho astrológico,
expresado en el ciclo de la natividad y el individuo al cual
pertenece. Esta aseveración no tiene demostración científica taxativa,
pero, para el entender de los astrólogos, posee fundamento en el
análisis estadístico de las frecuencias en las tendencias zodiacales.
Como metodología de trabajo, se construye la Carta Astral, un diseño
gráfico, sobre un trazado circular, donde, a través de ciertas
definiciones preestablecidas y algunos cálculos matemáticos, se ubican
los planetas, representados con símbolos específicos, logrando, en
definitiva, hacer una lectura del resultado gráfico que se obtenga.
Para esa lectura existen también ciertas tablas o constantes de apoyo,
de acuerdo a la posición de cada componente en el plano
circunferencial de la Carta Astral, las que señalan determinadas
tendencias que ayudan a lograr el objetivo (definición de rasgos de
personalidad, influencias, eventualidades, etc.).
Como toda forma de conocimiento, a través de los tiempos, ha ido
variando muchas de sus afirmaciones y conceptos, producto del propio
desarrollo del pensamiento humano y de su acción esclarecedora. Desde
las primeras aproximaciones de los caldeos hasta nuestros días, los
cambios de perspectivas y referencias en la astrología han sido
notables, como lo han sido los propios cambios en otras disciplinas
mas reputadas en el ámbito del pensamiento empírico.
Los descubrimientos, los cambios de perspectivas, la acción de la
ciencia, los aportes de la filosofía, en fin, han permitido modificar
la comprensión que tiene el Hombre de la Naturaleza, así como han
tenido un profundo impacto en los parámetros que dan sustento al
estudio astrológico. Constituye un error pensar que la astrología se
ha enclaustrado en sus referencias ptolomeicas o renacentistas. Mucha
de la crítica dura contra el conocimiento zodiacal, basa sus
argumentos en las visiones más arcaicas del conocimiento astrológico,
sin considerar que, como el hombre, el estudio zodiacal, efectuado por
hombres, está evolucionando permanentemente, poniéndose al día,
reconsiderando sus afirmaciones cardinales.
A través de los tiempos, las ópticas de estudio de los fenómenos de la
naturaleza y su relación con el hombre, han variado en su eje o centro
de observación. En algunas oportunidades ha predominado el
geocentrismo, es decir, el predominio de observación teniendo a la
Tierra como centro. En otras, ha sido el antropocentrismo, es decir,
una visión que tiene como centro al Hombre. En ocasiones, el
predominio ha sido nomocentrista, es decir, sostenida en las leyes.
También el teocentrismo, la visión a partir de la religión, ha tenido
una presencia muy gravitante, como, en momentos, la visión
deocéntrica, que sostiene la realidad centrada en
Dios. En cada una de éstas visiones, la astrología ha ganado un lugar,
compatibilizando sus planteamientos.
Con todo, el estudio astrológico no es absolutamente objetivo, ya que
en él pueden incidir factores subjetivos, propios de la profundidad
del conocimiento del que interpreta los fenómenos zodiacales. La
cuestión a discernir, frente a esta forma de conocimiento, es un tema
de resolución personal. Si los movimientos de los planetas y del Sol y
la Luna, producen efectos en las personas o en la Naturaleza, sigue
siendo un tema de debate que no concluirá en lo inmediato. Si esos
efectos tienen un índice de frecuencias suficiente, como para
demostrar el nivel de acierto de la astrología, es el gran tema a
resolver para la aceptación plena de la misma.
LA ASTROLOGIA DESDE SUS ORIGENES HASTA PTOLOMEO.
En el principio de su civilización, el hombre, en su percepción más
elemental e intuitiva, observó la imponente bóveda celestial, en las
sobrecogedoras noches de los tiempos inmemoriales, y absorto y
maravillado, por lo que tenía desplegado frente a sus ojos, consideró
que aquel firmamento tachonado de luces titilantes debía tener un
origen sobrenatural. No pudo evitar, seguramente, asociar aquello a
una idea de divinidad, y estableció entonces formas de culto hacia los
luceros y estrellas, los que identificó con nombres de dioses. Es lo
que, para efectos de estudio, llamamos astrolatría.
Con el paso de los siglos, fue comprobando que los hechos cotidianos
podían relacionarse con aquellos cuerpos celestiales. La Luna
influenciaba las mareas, además de tener alguna coincidencia con los
periodos de fertilidad de las mujeres. El Sol determinaba los ciclos
climáticos. Las estrellas del firmamento permitían la orientación
nocturna.
Sin embargo, a medida que fueron surgiendo mayores interrogantes sobre
lo que ocurría en el cielo, la experiencia contemplativa fue siendo
sustituida por el activo deseo de develar los misterios de la
existencia humana, entendida como un fenómeno estrechamente ligado a
la existencia del cosmos. Así, la astrolatría cedió su sitio a la
astrología. Sin duda, existió gran actividad astrológica mucho antes
de los primeros documentos de ese carácter que hemos conocido con
posterioridad. Investigaciones llevadas a cabo sobre inscripciones
arqueológicas de la Edad del Hielo, indican, por ejemplo, que el
hombre conocía los periodos lunares hace mas de 32.000 años. Se han
encontrado antecedentes astrológicos del reino de Sargón de Agade,
alrededor del año
2.870 A.de C., que muestran predicciones basadas en las posiciones del
Sol, la Luna y los cinco planetas entonces conocidos, mas una serie de
datos sobre otros fenómenos, incluidos cometas y meteoritos.
No obstante fueron los caldeos los primeros en dejar una herencia
específica en el estudio zodiacal y en el desarrollo de la astrología.
Los caldeos, astrónomos y matemáticos agudos, observaron que los
acontecimientos del cielo tenían un mismo patrón: las estrellas en el
cielo se movían en el firmamento siguiendo un orden fijo, y los
planetas se desplazaban casi en un
mismo plano sobre el espacio estelar. Desde luego, era una observación
simplemente ocular, y de naturaleza eminentemente terrestre. Estas
observaciones los llevó a la conclusión de que los planetas seguían
determinadas leyes, diseñándose las primeras tablas de los movimientos
planetarios, siendo las más antiguas las que datan de la época del
reinado asirio de Asurbanipal.
Para confeccionar su sistema cosmológico, los caldeos utilizaron doce
constelaciones, por las que el Sol y la Luna pasaban periódicamente.
Fundados en esa estructura cognitiva, se dedicaron a hacer
predicciones sobre los grandes acontecimientos que podían afectarlos
como nación, y las repercusiones que ellos podían traer (guerras,
inundaciones, eclipses, en fin). Estos conocimientos fueron heredados
por las culturas posteriores, tales como la egipcia, la griega y
romana. En el Egipto Antiguo, se estima que fueron introducidos en
tiempos también remotos, aunque su mayor difusión parece haberse
logrado en el siglo III A.de C., bajo el Imperio de Alejandro Magno.
En los muros de los templos egipcios es posible aún consignarlo,
siendo el más célebre el Zodiaco esculpido en el Templo de Hathor, en
Déndera (Alto Egipto). Importancia especial tuvo en la cultura
helénica, el aporte de la escuela pitagórica, la primera en llamar
cosmos a todo lo existente, implicando una reciprocidad de efectos
entre el Universo y el Hombre, sosteniendo un principio de armonía, no
basado en la divinización de los astros, sino que en su número, medida
y en leyes geométricas. Hiparco de Nicea, en tanto, fue quien reafirmó
dentro de la Grecia Antigua la idea de las doce divisiones, dándoles
el nombre de las constelaciones más cercanas, y detectó el fenómeno
conocido como precesión de los equinoccios.
En tanto, durante el apogeo del Imperio Romano, el arte de la
adivinación, sostenido en el conocimiento astrológico, proliferó de
tal manera que se hizo habitual su dominio por mercanchifles y
charlatanes, oportunistas que contribuyeron históricamente al
desprestigio de quienes se dedicaban seriamente al estudio zodiacal,
al punto que, muchas de las descalificaciones que hoy sostienen los
argumentos contra la astrología, descansan en esa herencia cultural.
Otras civilizaciones antiguas también desarrollaron un importante
aporte al conocimiento astrológico. En la India se han encontrado
vestigios de 5.000 años de antigüedad. Los nombres que los hindúes de
hace 2.000 años, dieron a los signos de su zodiaco, fueron
coincidentes, en su gran mayoría, con los nombres usados por los
griegos. Los chinos, en tanto, desarrollaron su propia interpretación
astrológica, dividiendo los signos astrológicos en 5 moradas – un
punto central y cuatro regiones cardinales – y cinco elementos –
madera, fuego, tierra, metal y agua -, los que, a su vez, se agrupan
en dos géneros: el Tang (macho, claridad, actividad), y el Ying
(hembra, oscuridad, pasividad). Los signos chinos recibieron los
nombres de los animales más próximos a su cultura, y se identificaron
con las características de éstos: rata, buey, tigre, liebre, dragón,
serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro y cerdo. Estos signos no
dividen la franja del firmamento, como en el zodiaco babilónico, sino
en el ecuador, y cada signo corresponde a cada una de las doce horas
dobles, usadas para medir el día y los doce meses del año. Mucho mas
tardíamente, son dignos de mención los estudios astrológicos de los
árabes, que tuvieron a Albumansur, hacia los años 800 D.de C., como
uno de sus principales exponentes. Es importante tener presente, que
los mayas y toltecas, también desarrollaron un estudio zodiacal, a
pesar de no haber tenido, aparentemente, relación con las cultural
mediterráneas u orientales.
Sin embargo, no cabe duda que el aporte más fundamental al estudio de
los astros, y al desarrollo científico de la astrología, provino de la
cultura griega y del helenismo. No es una casualidad, si consideramos
el contexto cultural que favorece esa potenciación. En Alejandría,
capital del Egipto desde el siglo III A.de C., gracias al sistemático
trabajo de Ptolomeo (138-180 D.de C.), se establecen los enunciados
sobre los cuales se interpretará el Universo a través de mas de un
milenio. Es él quien formula una cosmovisión geocéntrica del mundo,
especialmente en su libro Almagesto, que, mas allá de sistematizar la
perspectiva astronómica de su época, indicaba que la Tierra era el
centro del Universo, lo que le lleva a interpretar una visión humana
del mundo, donde el conocimiento astrológico es lo medular.
Recordemos que para los griegos la visión de la Tierra era esferoide,
ya desde Eratóstenes (siglo III A.de C.), concepción que cambiaría en
el mundo cristiano con Kosmas (500 años D.de C.), que aplicó la
doctrina eclesiástica de un mundo plano, en el cual, el Paraíso estaba
en el Este. En su obra Tetrabilón, Ptolomeo ordena las herencias
astrológicas mesopotámicas, egipcias y griegas, formula la categoría
de los signos, respecto de los llamados "planetas regentes" y plantea
la importancia del horóscopo individual, apartándose de la astrología
colectivista que había predominado hasta entonces.
Esta visión ptolomeica era absolutamente compatible con los valores y
el sentido de armonía de los griegos, donde el hombre se sentía en el
centro del Universo, y la finalidad de su existencia era el desarrollo
total y armónico del cuerpo y el alma. Las dos máximas que estaban
grabadas en el Templo de Apolo : "Nada en Exceso" y "Conócete a ti
mismo", eran las referencias que
servían para indicar el camino del autoconocimiento, del autodominio y
la moderación, con relación a sí mismos, y en relación con el
Universo.
A la luz de la historiografía modernista, hoy día el legado de
Ptolomeo es reconocido en el ámbito de la astronomía, de las
matemáticas, de la física y de la cartografía, ocultándose que no fue
un astrónomo, sino que un astrólogo, cuyo aporte a la comprensión del
hombre en el Universo, estuvo marcado por una cosmovisión que contenía
lo fundamental del hombre griego que exaltó Alejandro Magno.
LA IMPORTANCIA DE LA ASTROLOGIA EN EL RENACIMIENTO.
Con el advenimiento de la Edad Media, se expresó claramente el dilema
de los teólogos, en torno a clasificar a la astrología como ciencia o
como arte adivinatorio prohibido. La pérdida irreparable de Alejandría
y de su influencia cultural en el mundo mediterráneo, el anatema sobre
aquellos pensadores cristianos que estaban en contradicción con la
impronta de San Agustín de
Hipona, creó las condiciones para la satanización religiosa de la
astrología. Así, por ejemplo, John de Salisbury (1115-1180) plantearía
que aquella usurpaba las prerrogativas del Creador.
Pese a ello, algunas Universidades de la Edad Media, enseñaban
astrología, como la de Bolonia (desde 1125) y Cambridge (1250)
En el siglo XIII, San Alberto Magno (1200-1280), separaría claramente
la astrología de sus asociaciones paganas, planteando que las
estrellas no podían incidir en el alma humana, aunque podían influir
en el cuerpo y en la voluntad de los hombres. Santo Tomás de Aquino
(1225-1274), reforzando aquel punto de vista, llegó a afirmar que la
astrología podía considerarse un complemento de las visiones que la
Iglesia tenía del Universo. El planteamiento tomista adquirirá tal
arraigo, a nivel de la jerarquía esclesiástica, al punto que varios
Papas contaron en su círculo de asesores o cortesanos, a uno o mas
astrólogos. En los siglos inmediatamente siguientes, el estudio
astrológico adquirirá gran relevancia y gran difusión, como
consecuencia de la expansión espiritual que significó el Renacimiento.
Esta época constituyó la reposición o recuperación de los conceptos
fundamentales del helenismo, luego de casi mil años de oscuridad
cultural, impuesta por los dogmas de la fe y el poder confesional. Los
conceptos griegos de armonía, de un Universo en que todo estaba
relacionado, y cuyos componentes eran inter-dependientes, recuperó
presencia en el mundo cultural occidental.
En virtud de ello, la astrología cobró especial importancia, así como
se pudo desarrollar la alquimia. Había una valoración de los
componentes de la Naturaleza, dentro de los cuales estaba el Hombre,
como expresión culmine de la Obra del Creador. Por eso, se recuperó la
singular valoración por la belleza humana, por el sentido armónico
entre éste y Dios (recordemos el notable fresco de la Capilla Sixtina,
obra de Miguel Angel, en que el Hombre y su Creador, refulgen en sus
anatomías físicas, el uno junto al otro, componiendo una misma
realidad). El antropocentrismo significaba que el Hombre estaba, pues,
en el centro de la Creación, no que era el centro mismo, ya que el
centro estaba ocupado por el Creador.
Consecuencia de esto, en la primera parte del Renacimiento, hubo
intelectuales de trascendente importancia para la civilización
occidental, que no fueron ignorantes del estudio astral y a su posible
gravitación en el ser humano.
Uno de estos fue, sin duda alguna, Theophrastus Bombast von Hohenheim
(1490-1541), mas conocido como Paracelso, verdadero padre de la
medicina basada en la quimioterapia. Médico, alquimista, filósofo,
astrólogo. Sin duda, representa a un arquetipo del hombre
renacentista. A pesar de que nunca incursionó en la definición de
horóscopos, avanzó profundamente en la relación de los astros con el
cuerpo humano, así como con los minerales y las plantas. Esto fue muy
gravitante en sus formulaciones respecto del uso de sustancias
químicas en el tratamiento e enfermedades. Una de sus afirmaciones mas
relevantes, que, desde hace algún tiempo, cobran especial fuerza en el
estudio psicosomático, es la relativa a la relación de los fenómenos
físicos con los psíquicos, en una concepción unitaria del cuerpo
humano, que Paracelso relaciona íntimamente con la influencia astral.
Vale considerar en ésta perspectiva, en el mismo contexto, al sabio de
Vinci, Leonardo (1452-1519), quien, con celo investigador y una
profunda mirada, no se sustrajo a ese espejo de la armonía universal,
que es el cielo estrellado, donde seguramente encontró la confirmación
de que había descubierto, en la indagación del cuerpo humano y en su
sensibilidad humanista: el mundo en miniatura – el hombre o
microcosmos – es una reproducción de un modelo más grande – el
universo o macrocosmos.
Casi contemporáneamente a Leonardo, el concepto geocéntrico de
Ptolomeo, comenzaba a desmoronarse con las tesis de Copérnico, que, en
1543, el mismo año de su muerte, plantea en su libro De revolutlanbus
arblum caelestlum, que la Tierra no era el centro del Universo, sino
que el Sol, en torno al cual giraban los planetas.
La teoría de Copérnico afectó profundamente las tesis de los
astrólogos, y la Iglesia Católica se declaró enconada enemiga de la
misma, porque echaba por tierra su propio planteamiento de planitud
terrestre. Quien sufriría los peores embates a causa del planteamiento
copernicano, será Galileo, quien trató de hacerlas evidentes, a través
de sus observaciones efectuadas con un telescopio, recibiendo las
condenas de la jerarquía de la iglesia papal, que lo obligó a
retractarse. Como sabemos, esta teoría será luego profundizada por
Kepler, quien formula la ley del movimiento planetario, la velocidad
de los planetas y la naturaleza de sus órbitas alrededor del Sol.
Kepler (1571-1630) sostuvo que "la ciencia de los astros se divide en
dos partes: la primera, la astronomía, se refiere a los movimientos de
los cuerpos celestes; la segunda, la astrología, a los efectos de los
mismo cuerpos en un mundo sublunar". De hecho, su decidida opción
astrológica, lo llevó a escribir varios libros al respecto.
Sementovsky-Kurilo plantea que la intención de alejar a Kepler de la
astrología, por parte de ciertos historiadores, pretende
superlativizar al científico en relación al hombre, pues, su obra,
como expresión coherente de su personalidad, fue profundamente
sensible a la armonía estructural de las cosas que hay en la
naturaleza. "La astrología aparece a los ojos de Kepler – dice ese
tratadista – como una ciencia, en sus premisas fundamentales, debido a
los descubrimientos de la astronomía, y como un arte, en su aplicación
práctica, que exige del astrólogo una aguda sensibilidad, lo que, en
lenguaje cotidiano, significa asociación imaginativa de intuición
psicológica".
Kepler, no solo se limitó a crear un sistema cosmológico con carácter
genérico, sino que supo intuir la forma efectiva en la que se
concretan las relaciones entre el cosmos y el hombre, proponiendo la
existencia de un elemento activo, irradiado por los cuerpos celestes,
que constituye algo así como la quintaesencia en movimiento, y que
puede hoy homologarse con las comprobaciones de la física
contemporánea respecto de la masa y onda de la luz. Se puede decir,
dice Sementovsky-Kurilo, que, con Kepler, termina la era de las
grandes cosmologías. Nada de lo que se ha hecho, posteriomente,
alcanza la profundidad y amplitud de
aquellas. Lo que siguió en adelante, fueron la fragmentación, la
unilateralidad, y el reduccionismo.
Efectivamente, en un momento del Renacimiento, hubo una ruptura entre
el humanismo, que centraba sus objetivos en el Hombre y en su
desarrollo espiritual, para centrarlo exclusivamente en el desarrollo
material. El antropocentrismo, es decir, el Universo centrado en el
hombre, fue sustituido y reemplazado por una visión en que el Universo
es el hombre, ignorando el efecto de su acción en el resto de la
cadena de la vida.
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Mensaje enviado al foro Secreto masónico por el V:.H:.Lázaharo Hael
SECRETO MASONICO ›
EL DOGMA DEL G,',A,',D,',U,', - (Lázaharo Hael)
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“EL DOGMA DEL G,’, A,’, D,’, U,’, (II)”
En la Masonería del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, es requisito para ser iniciado en el primer grado, la aceptación de la existencia de Dios o de un ser superior, el cual por la pluralidad de creencias religiosas y nombres con los cuales los hermanos extendidos sobre toda la faz de la tierra designan a su propio Dios, se le nombra: “El Gran Arquitecto del Universo” (G,’, A,’, D’, U,’,).
El hombre no es la medida del universo, sin embargo, todo cuanto el percibe objetiva o subjetivamente como existente, tiene la medida de su conocimiento.
Para la humanidad, el conocimiento proviene, viene de dos fuentes, la mente y el corazón del hombre, el primero es el conocimiento objetivo como resultado de la percepción y el análisis del universo externo que le rodea, y el segundo es el de la revelación o intuitivo que nace de su interior.
La búsqueda del G,’, A,’, D,’, U,’, no nace exactamente de un razonamiento lógico u objetivo, ni mucho menos es comprobable por ser incorpóreo y subjetivo, sino que es producto de una pulsión que le impulsa, vaya la redundancia, en esta búsqueda que quizás algunos la ubiquen como una manifestación disimulada de la primera y más importante pulsión instintiva del hombre, “La sobrevivencia”, porque el aceptar que somos en última instancia, almas encarnadas que emanamos de Dios, es compartir con nuestra fuente, su propia inmortalidad.
“¡ Oh, G,’, A,’, D,’, U,’, ! Creador omnipotente, Inmutable, Eterno y Justo, los obreros de paz, reunidos en esta logia, misma que representa el cosmos, con profundo recogimiento espiritual desean dedicar sus trabajos a tu nombre y a tu gloria” Esta es una parte de una oración con la que inician los trabajos en la Masonería del R,’, E,’, A,’, A,’,
El dogma del GADU en la Masonería Escocesa, debe ser en los grados inferiores, porque conforme avanzan hacia los grados superiores, se espera que el Mason descubra o confirme por sí mismo la existencia del GADU.
El M,’, M,’, dice conocer la acacia, y que la encontró en la fosa del V,’, M,’, Hiram Abiff, esto no debe ser una fantasía poética, la fosa de Hiram, es un símbolo alegórico del cuerpo físico del hombre, y la acacia símbolo de la inmortalidad, es otra alegoría del alma humana; de tal modo que conocer la acacia que es un símbolo de la inmortalidad, es conocer el alma, es adentrarse en el interior del hombre en búsqueda de la bóveda secreta donde se encuentra la urna con el corazón embalsamado de Hiram, es abandonar el mundo exterior que el hombre percibe por sus sentidos físicos, e introvertir nuestra consciencia hacia nuestro mundo interior en búsqueda de nuestra esencia, nuestra propia y original identidad, nuestro verdadero “yo”, nuestra alma.
La liturgia del Gr. XVIII Caballero Rosacruz habla de la búsqueda de la palabra perdida que es el hombre mismo; es decir, su identidad verdadera, su alma, la cual se alcanza al lograr la iniciación trascendental, y agrega:
“Los templos de Dios en la tierra, son los cuerpos humanos, y en cada uno de ellos se encuentra como una proyección suya, un maestro cuya mente está imbíbita en la mente cósmica”.
“No podemos nosotros, ni hay poder en el mundo fuera de vos mismo, que pueda iniciaros en el ultérrimo secreto del Gr. XVIII”.
Es curiosa la naturaleza humana, leemos o repetimos las palabras de las liturgias, y simulamos aceptarlas como verdades conocidas por nosotros, cuando en realidad, dentro y en secreto no las aceptamos como tales, sino como fantasías poéticas.
Simulamos saber cuando en realidad no sabemos, y guardamos las palabras como tesoros secretos, cuando en realidad solo poseemos palabras en tinta sobre un papel.
El GADU debió dejar de ser dogma al llegar a Maestro Mason, y llegar al Gr. XVIII Caballero Rosacruz sin haber “experimentado” nuestra propia dualidad como materia y alma es no haber alcanzado la iniciación transcendental; La liturgia nos da los pasos para buscar y alcanzar tal iniciación; La concentración seguida por la meditación como medios para alcanzar el objetivo de nuestras búsqueda. “Pedid y se os dará; Buscad y encontrareis; llamad y se os abrirá”, (Mt 7, 7)
Tan negativo es para ateos como creyentes, volverse dogmáticos en sus ideas, porque crean cadenas en su propia mente que le sujetan a impidiéndoles ver la verdad que pasa frente sus ojos… porque así como podrían estar en lo cierto, también podrían estar equivocados.
Se “dice” que el GADU es incorpóreo, lo cual, lo vuelve una ideal conceptual en la mente del hombre, pero es común, que muchas de nuestras ideas o conceptos tengan como fundamento ideas ajenas a nosotros; El Dios que concebimos es en muchos casos, ideas religiosas sembradas en nuestra infancia.
El concepto o idea de Dios que las religiones presentan, es sumamente fantasioso, porque no lo presentan como algo alegórico y alcanzable, sino como una verdad literal y absoluta que lo vuelve inalcanzable para nosotros; Dios es “como” la partícula bajo la óptica de la física cuántica, que se presentan según el concepto de quien observa, y este es el problema, el concepto que cada quien tiene de él, porque inclusive los ateos tienen un concepto de él, y aun en esto último, el ateo le da existencia en su mente.
Las religiones no son malas en sí mismas, lo malo son los intereses o ansias de poder de la curia que las dirigen y la indolencia de los creyentes que se niegan a pensar por sí mismos.
Etimológicamente la palabra religión viene de “religar” o “religare” que quiere decir “amarrar” o “unir”, esto podría definirse como la unión del hombre con Dios; No con la casta sacerdotal, ni esos imperios que ellos llaman religión, sino la unión espiritual del hombre con su Dios, o al menos, con el concepto o ideal que tiene de él.
Seamos congruentes entre lo que decimos ser, creer, o saber y la realidad cierta; No podemos estudiar la liturgia del Gr. XVIII Caballero Rosacruz, y simular que sabemos por experimentación propia lo que ahí se dice, porque repetir palabras no nos hace poseedores de la revelación de los secretos de este grado.
Dios al igual que el alma del hombre, existen bajo diferentes conceptos o ideas de cada hombre, y cada quien debe experimentar en sí mismo su propio ideal de Dios y de su propio ser; El dogma aunque sea disimulado, debe morir, pero no por la sustitución de otro dogma, sino por la experiencia en uno mismo de nuestra propia realidad como seres espirituales encarnados, porque experimentar la existencia de nuestra alma como una realidad extracorpórea, nos abre la posibilidad de experimentar a Dios en diferentes grados y capacidades;
Un Q,’, H,’, me dijo: “Dios Es Contingente”… Tiene razón, pero el hombre no ha comprendido su papel e importancia en la ecuación de la manifestación.
Es cuanto mi pensar y sentir.
“El Secreto Permanece Inviolable Por Su Propia Naturaleza”
Pax Vobiscum.
Lázaharo Hael,’,
Nota:
El presente no es continuidad del “Dogma del GADU” del 22 de octubre del 2010.
Símbolo y alegoría, no son verdades por sí mismos, sino que apuntan hacia ella.
El presente son reflexiones y meditaciones personales, no necesariamente representan la opinión de la orden.
No escribo para todos, sin embargo, todos son invitados a leer.
Culiacán, Sinaloa. México. A 15 de noviembre del 2013.
SECRETO MASONICO ›
EL DOGMA DEL G,',A,',D,',U,', - (Lázaharo Hael)
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“EL DOGMA DEL G,’, A,’, D,’, U,’, (II)”
En la Masonería del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, es requisito para ser iniciado en el primer grado, la aceptación de la existencia de Dios o de un ser superior, el cual por la pluralidad de creencias religiosas y nombres con los cuales los hermanos extendidos sobre toda la faz de la tierra designan a su propio Dios, se le nombra: “El Gran Arquitecto del Universo” (G,’, A,’, D’, U,’,).
El hombre no es la medida del universo, sin embargo, todo cuanto el percibe objetiva o subjetivamente como existente, tiene la medida de su conocimiento.
Para la humanidad, el conocimiento proviene, viene de dos fuentes, la mente y el corazón del hombre, el primero es el conocimiento objetivo como resultado de la percepción y el análisis del universo externo que le rodea, y el segundo es el de la revelación o intuitivo que nace de su interior.
La búsqueda del G,’, A,’, D,’, U,’, no nace exactamente de un razonamiento lógico u objetivo, ni mucho menos es comprobable por ser incorpóreo y subjetivo, sino que es producto de una pulsión que le impulsa, vaya la redundancia, en esta búsqueda que quizás algunos la ubiquen como una manifestación disimulada de la primera y más importante pulsión instintiva del hombre, “La sobrevivencia”, porque el aceptar que somos en última instancia, almas encarnadas que emanamos de Dios, es compartir con nuestra fuente, su propia inmortalidad.
“¡ Oh, G,’, A,’, D,’, U,’, ! Creador omnipotente, Inmutable, Eterno y Justo, los obreros de paz, reunidos en esta logia, misma que representa el cosmos, con profundo recogimiento espiritual desean dedicar sus trabajos a tu nombre y a tu gloria” Esta es una parte de una oración con la que inician los trabajos en la Masonería del R,’, E,’, A,’, A,’,
El dogma del GADU en la Masonería Escocesa, debe ser en los grados inferiores, porque conforme avanzan hacia los grados superiores, se espera que el Mason descubra o confirme por sí mismo la existencia del GADU.
El M,’, M,’, dice conocer la acacia, y que la encontró en la fosa del V,’, M,’, Hiram Abiff, esto no debe ser una fantasía poética, la fosa de Hiram, es un símbolo alegórico del cuerpo físico del hombre, y la acacia símbolo de la inmortalidad, es otra alegoría del alma humana; de tal modo que conocer la acacia que es un símbolo de la inmortalidad, es conocer el alma, es adentrarse en el interior del hombre en búsqueda de la bóveda secreta donde se encuentra la urna con el corazón embalsamado de Hiram, es abandonar el mundo exterior que el hombre percibe por sus sentidos físicos, e introvertir nuestra consciencia hacia nuestro mundo interior en búsqueda de nuestra esencia, nuestra propia y original identidad, nuestro verdadero “yo”, nuestra alma.
La liturgia del Gr. XVIII Caballero Rosacruz habla de la búsqueda de la palabra perdida que es el hombre mismo; es decir, su identidad verdadera, su alma, la cual se alcanza al lograr la iniciación trascendental, y agrega:
“Los templos de Dios en la tierra, son los cuerpos humanos, y en cada uno de ellos se encuentra como una proyección suya, un maestro cuya mente está imbíbita en la mente cósmica”.
“No podemos nosotros, ni hay poder en el mundo fuera de vos mismo, que pueda iniciaros en el ultérrimo secreto del Gr. XVIII”.
Es curiosa la naturaleza humana, leemos o repetimos las palabras de las liturgias, y simulamos aceptarlas como verdades conocidas por nosotros, cuando en realidad, dentro y en secreto no las aceptamos como tales, sino como fantasías poéticas.
Simulamos saber cuando en realidad no sabemos, y guardamos las palabras como tesoros secretos, cuando en realidad solo poseemos palabras en tinta sobre un papel.
El GADU debió dejar de ser dogma al llegar a Maestro Mason, y llegar al Gr. XVIII Caballero Rosacruz sin haber “experimentado” nuestra propia dualidad como materia y alma es no haber alcanzado la iniciación transcendental; La liturgia nos da los pasos para buscar y alcanzar tal iniciación; La concentración seguida por la meditación como medios para alcanzar el objetivo de nuestras búsqueda. “Pedid y se os dará; Buscad y encontrareis; llamad y se os abrirá”, (Mt 7, 7)
Tan negativo es para ateos como creyentes, volverse dogmáticos en sus ideas, porque crean cadenas en su propia mente que le sujetan a impidiéndoles ver la verdad que pasa frente sus ojos… porque así como podrían estar en lo cierto, también podrían estar equivocados.
Se “dice” que el GADU es incorpóreo, lo cual, lo vuelve una ideal conceptual en la mente del hombre, pero es común, que muchas de nuestras ideas o conceptos tengan como fundamento ideas ajenas a nosotros; El Dios que concebimos es en muchos casos, ideas religiosas sembradas en nuestra infancia.
El concepto o idea de Dios que las religiones presentan, es sumamente fantasioso, porque no lo presentan como algo alegórico y alcanzable, sino como una verdad literal y absoluta que lo vuelve inalcanzable para nosotros; Dios es “como” la partícula bajo la óptica de la física cuántica, que se presentan según el concepto de quien observa, y este es el problema, el concepto que cada quien tiene de él, porque inclusive los ateos tienen un concepto de él, y aun en esto último, el ateo le da existencia en su mente.
Las religiones no son malas en sí mismas, lo malo son los intereses o ansias de poder de la curia que las dirigen y la indolencia de los creyentes que se niegan a pensar por sí mismos.
Etimológicamente la palabra religión viene de “religar” o “religare” que quiere decir “amarrar” o “unir”, esto podría definirse como la unión del hombre con Dios; No con la casta sacerdotal, ni esos imperios que ellos llaman religión, sino la unión espiritual del hombre con su Dios, o al menos, con el concepto o ideal que tiene de él.
Seamos congruentes entre lo que decimos ser, creer, o saber y la realidad cierta; No podemos estudiar la liturgia del Gr. XVIII Caballero Rosacruz, y simular que sabemos por experimentación propia lo que ahí se dice, porque repetir palabras no nos hace poseedores de la revelación de los secretos de este grado.
Dios al igual que el alma del hombre, existen bajo diferentes conceptos o ideas de cada hombre, y cada quien debe experimentar en sí mismo su propio ideal de Dios y de su propio ser; El dogma aunque sea disimulado, debe morir, pero no por la sustitución de otro dogma, sino por la experiencia en uno mismo de nuestra propia realidad como seres espirituales encarnados, porque experimentar la existencia de nuestra alma como una realidad extracorpórea, nos abre la posibilidad de experimentar a Dios en diferentes grados y capacidades;
Un Q,’, H,’, me dijo: “Dios Es Contingente”… Tiene razón, pero el hombre no ha comprendido su papel e importancia en la ecuación de la manifestación.
Es cuanto mi pensar y sentir.
“El Secreto Permanece Inviolable Por Su Propia Naturaleza”
Pax Vobiscum.
Lázaharo Hael,’,
Nota:
El presente no es continuidad del “Dogma del GADU” del 22 de octubre del 2010.
Símbolo y alegoría, no son verdades por sí mismos, sino que apuntan hacia ella.
El presente son reflexiones y meditaciones personales, no necesariamente representan la opinión de la orden.
No escribo para todos, sin embargo, todos son invitados a leer.
Culiacán, Sinaloa. México. A 15 de noviembre del 2013.
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- A Miguel Angel Rivera, Lic Gloria Silva y 2 personas más les gusta esto.
- Roberto Augusto Flores Garza Como siempre, el H:. Lazaharo Hael en sus conceptos es elevado y preciso. Gracias.
- Fernando Losana Justa y perfecta. La clave esta ahi. Nos la muestran en el VITRIOL como medio de reencuentro universal. Gracias QQHH.
Freddy del Moral compartió un enlace.
Así estamos en Venezuela Q.: H.: Vicente... El Socialismo acaba con la empresa privada y con empleos




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