sábado, 16 de noviembre de 2013

La Tan Necesaria Etapa Iniciática - Grupos de Google

La Tan Necesaria Etapa Iniciática - Grupos de Google

La Tan Necesaria Etapa Iniciática
Debe de comprenderse que la Masonería no se refiere simplemente a sobresalir en la vida profana, a tener éxito en lo mundano; la Masonería se refiere a algo superior a lo que el Ser Humano pueda intentar en el mundo, sobrepasando lo masónico en mucho la posición actual de cualquiera, ya sea un político triunfante, un famoso científico, o un respetable panadero o un obrero fabricante de jabones. Lo Masónico empieza con aspiraciones que van mucho más allá a lo que habitualmente conocemos, desde que el Ser Humano ha desarrollado un buen nivel y puede habérselas arreglado con la vida a su propia manera haya tenido éxito o no mucho éxito eso es bastante relativo, en fin que se haya hecho de la vida en una forma bastante razonable. Es decir la Masonería, empieza desde el nivel en el que haya arreglado su vida, lo cual pertenece a la segunda etapa del desarrollo del hombre y la mujer, pero que en su vida constate que el éxito material no lo es todo, y busca darle un plus a su vida, expandiendo en mucho sus campos de visión o percepción. El Ser Humano, se da con la idea que necesita desarrollarse en un sentido más allá de lo profano, quizá lo haga incluso antes de los 20 años, o quizá a los 70 años, es por ello que la iniciación masónica debe estar abierta incluso a jovencitos o a ancianitos, a mujeres y a hombres. Esta etapa iniciática se ocupa de todo lo tocante a un certero nuevo desarrollo de la esencia del alma inmortal y es por eso que tantas cosas aparentemente paradójicas o al menos extrañas se dicen en los Libros Sagrados de todas las Religiones, tales como las que están contenidas en las enseñanzas secretas ocultas en las religiones, acerca del hombre y la mujer y su desarrollo. Todas estas enseñanzas secretas se refieren a dejar que la esencia crezca a expensas de la personalidad profana y ésta es la única manera en que la esencia del alma, cuando es demasiado débil por sí misma para crecer, puede seguir desarrollándose a partir de su personalidad profana, esa es una de los secretos guardados en las tradiciones esotéricas del oriente. En este sentido, la personalidad profana, que se forma en torno de la esencia del Alma, llega a ser eventualmente —si se penetra en esta tercera etapa iniciática— la fuente misma desde la cual la esencia puede crecer aún más. Supongamos que por un individuo la personalidad profana está ricamente desarrollada, de ahí tiene una posibilidad de tomar de esta personalidad y transmutarla en luz. Es, entonces, un hombre exitoso, en el sentido dado por los contextos mundanos o profanos. Este hombre conoce de todo, es una persona importante en el sentido profano o mundano. Pero lo que hay de pobre en él es su esencia del Alma. No es aún un hombre Total, esta aún inacabado, necesita de un plus, muchos recurren a las religiones conocidas buscando esta parte necesaria, otro más en su sentido de desarrollo buscan el camino iniciático, que es más claro. Lo que hace el hombre profano, lo hace para lograr méritos transitorios, o por temor a la pérdida de honor o reputación, pero no hace nada por sí mismo, nada por amor a lo que está haciendo, prescindiendo de los elogios, la autoridad, la posición, la popularidad o cualquier otro beneficio a los ojos del mundo. Supongamos que este hombre sienta, de alguna manera, que su vida ha pasado demasiado rápido y que la muerte es inminente, pronto morirá y siente que no ha hecho lo necesario para trascender a la propia muerte, sabe de dentro de sí que hay que hacer algo. Quiero decir sencillamente que se siente muy vacío a pesar de todas sus "grandes éxitos y riquezas". Tiene una hermosa casa, o joyas, un hombre muy conocido en lo profano, de algún modo obtuvo lo mejor de todo, y sin embargo se siente muy vacío, incluso los domingos va a algún servicio religioso, es una buena persona. Tal hombre se está aproximando a la posible etapa Iniciática Masónica de desarrollo.- Ha llegado ahora a una posición en la cual su esencia del Alma, su parte verdadera, puede crecer, y así reemplazar el sentimiento de vacío por un sentimiento de significación. La gran mayoría que se inician masones y siguen el camino iniciático, se sienten llenos, y capaces de todo. Pero con el fin de que se realice en el hombre este nuevo desarrollo debe empezar, por así decirlo, por sacrificar sus vicios, sus fanatismos, sus falsas ideas, y marchar en dirección opuesta a la que siguió hasta ahora. En otras palabras, debe tener lugar en él una especie de transmutación, lo que está muy bien expresado en la Bíblica Parábola del Hijo Pródigo, y a menos que comprenda que esta etapa iniciática es posible y lleva al hombre y a la mujer a un verdadero desarrollo, nunca comprenderemos qué dicen los Evangelios o a qué se refiere este sistema, a menos que nos enfrentemos a la iniciación masónica, tal cual como cuando el Iniciado Jesús el Cristo llamó a la vida al Muerto Lázaro, por medio de la resurrección iniciática, es claro que este pasaje bíblico habla de una iniciación más que de cualquier otra cosa. – Alcoseri 


Foto: La Tan Necesaria Etapa Iniciática 
Debe  de comprenderse que la Masonería no se refiere simplemente  a sobresalir en la vida profana, a tener éxito en lo mundano; la Masonería se refiere a algo superior a lo que el  Ser Humano pueda  intentar en el mundo,  sobrepasando lo masónico en mucho la posición actual de cualquiera, ya sea un político triunfante, un famoso científico, o un respetable panadero o un obrero fabricante de jabones. Lo Masónico empieza con aspiraciones que van mucho más allá a lo que habitualmente conocemos, desde que el Ser Humano  ha desarrollado un buen nivel y puede habérselas arreglado con la vida a su propia manera haya tenido éxito o no mucho éxito eso es bastante relativo, en fin que se haya hecho de la vida  en una forma bastante razonable. Es decir la Masonería, empieza desde el nivel en el que haya arreglado su vida, lo cual pertenece a la segunda etapa del desarrollo del hombre y la mujer, pero que en su vida constate que el éxito material no lo es todo, y busca darle un plus a su vida,  expandiendo en mucho sus campos de visión o percepción. El Ser Humano, se da con la idea que necesita desarrollarse en un sentido más allá de lo profano,  quizá lo haga incluso antes de los 20 años, o quizá a los 70 años, es por ello que la iniciación masónica debe estar abierta incluso a jovencitos o a ancianitos, a mujeres y a hombres.  Esta etapa iniciática  se ocupa de todo lo tocante a un certero nuevo desarrollo de la esencia del alma inmortal y es por eso que tantas cosas aparentemente paradójicas o al menos extrañas se dicen en los Libros Sagrados de todas las Religiones, tales como las que están contenidas en las enseñanzas secretas ocultas en las religiones, acerca del hombre y la mujer y su desarrollo. Todas estas enseñanzas secretas se refieren a dejar que la esencia crezca a expensas de la personalidad  profana y ésta es la única manera en que la esencia del alma, cuando es demasiado débil por sí misma para crecer, puede seguir desarrollándose a partir de su personalidad profana, esa es una de los secretos guardados en las tradiciones esotéricas del oriente. En este sentido, la personalidad profana, que se forma en torno de la esencia del Alma, llega a ser eventualmente —si se penetra en esta tercera etapa iniciática— la fuente misma desde la cual la esencia puede crecer aún más. Supongamos que por un individuo la personalidad profana  está ricamente desarrollada, de ahí tiene una posibilidad de tomar de esta personalidad y transmutarla en luz. Es, entonces, un hombre exitoso, en el sentido dado por los contextos mundanos o profanos. Este hombre conoce de todo, es una persona importante en el sentido profano o mundano. Pero lo que hay de pobre en él es su esencia del Alma. No es aún un hombre  Total, esta aún inacabado, necesita de un plus, muchos recurren a las religiones conocidas buscando esta parte necesaria, otro más en su sentido de desarrollo buscan el camino iniciático, que es más claro. Lo que hace el hombre profano, lo hace para lograr méritos transitorios, o por temor a la pérdida de honor o reputación, pero no hace nada por sí mismo, nada por amor a lo que está haciendo, prescindiendo de los elogios, la autoridad, la posición, la popularidad o cualquier otro beneficio a los ojos del mundo. Supongamos que este hombre sienta, de alguna manera, que su vida ha pasado demasiado rápido y que la muerte es inminente, pronto morirá y siente que no ha hecho lo necesario para trascender a la propia muerte, sabe de dentro de sí que hay que hacer algo. Quiero decir sencillamente que se siente muy vacío a pesar de todas sus "grandes éxitos  y riquezas". Tiene una hermosa casa, o joyas, un hombre muy conocido en lo profano, de algún modo obtuvo lo mejor de todo, y sin embargo se siente muy vacío, incluso los domingos va a algún servicio religioso, es una buena persona. Tal hombre se está aproximando a la posible etapa Iniciática Masónica  de desarrollo.- Ha llegado ahora a una posición en la cual su esencia del Alma, su parte verdadera, puede crecer, y así reemplazar el sentimiento de vacío por un sentimiento de significación. La gran mayoría que se inician masones y siguen el camino iniciático, se sienten llenos, y capaces de todo.  Pero con el fin de que se realice en el hombre este nuevo desarrollo debe empezar, por así decirlo, por sacrificar sus vicios, sus fanatismos, sus falsas ideas, y marchar en dirección opuesta a la que siguió hasta ahora. En otras palabras, debe tener lugar en él una especie de transmutación, lo que está muy bien expresado en la Bíblica  Parábola del Hijo Pródigo, y a menos que comprenda que esta etapa iniciática  es posible y lleva al hombre  y a la mujer a un verdadero desarrollo, nunca comprenderemos qué dicen los Evangelios o a qué se refiere este sistema, a menos que nos enfrentemos a la iniciación masónica, tal cual  como cuando el Iniciado Jesús el Cristo llamó a la vida al Muerto Lázaro, por medio de la resurrección iniciática, es claro que este pasaje bíblico habla de una iniciación más que de cualquier otra cosa. – Alcoseri - https://groups.google.com/forum/#!forum/secreto-masonico
 
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Fraternalmente Vicente Alcoseri 


Simbolismo : EL SIMBOLISMO ZODIACAL EN EL TEMPLO MASONICO 1
(Mensaje original) Enviado: 14/06/2006 08:27 p.m.
La Masonería Simbólica fundamenta su labor docente a través de los
símbolos, y, a partir de aquellos que físicamente adornan el Templo,
promueve el estudio y la acción transformadora de sus miembros, en su 
formidable Obra inmaterial, axiológica y Espiritual. Los símbolos que
ornamentan este lugar consagrado al Hombre y a su relación con la Obra
del Gran Arquitecto, son motivo de la indagación intelectual de sus
adeptos, desde el momento en que se nos confiere el privilegio de la
Iniciación, siendo conducidos al estudio de la significación esotérica
y exotérica de aquello que se presenta ante nuestros ojos: las
herramientas de cada grado, el ara, el libro, el pavimento mosaico,
las columnas del pórtico, la cadena, la bóveda celestial, las luces de
los sitiales, en fin. Todos ellos nos sugieren un conjunto de
posibilidades, que estimulan al estudio, a la reflexión, y a la más
intensa vivencia espiritual.
Miles de horas, miles de páginas, han dedicado los masones en cada
generación, para escudriñar las alternativas y variables de
interpretación, que proponen los distintos componentes del Templo. Sin
embargo, aquel elemento simbólico menos abordado, es la representación
de los signos zodiacales en las 12 columnas que sostienen la bóveda
celestial.
No es un aspecto poco significativo. De hecho, por ejemplo, desde la
fundación de la Revista Masónica hasta 1994, solo se publicaron en sus
páginas tres trabajos relativos al tema, lo que constituye una muy
baja cifra, si consideramos que sobre el simbolismo de la piedra
bruta, se publicaron 38 trabajos.
En los Programas de Docencia de la Gran Logia de Chile, en las últimas
cinco décadas, incluido el actualmente vigente que data de 1998,
temáticamente no aparece propuesto el simbolismo zodiacal en ninguno
de los tres grados simbólicos. Solo se hace presente en los planes de
la Masonería Filosófica o Capitular, a pesar de que, desde el momento
de ver la luz, el Aprendiz ve desplegado ante sus ojos los doce
signos, ordenados de izquierda a derecha, los cuales le acompañarán
durante toda su vida iniciática. No es una indiferencia menor respecto
a este símbolo, y ha sido, precisamente, aquella falta de intensidad
en las indagaciones simbólicas de la Masonería Chilena, la que me ha
motivado, muy especialmente, para abordar este aspecto simbólico, con
la esperanza de incitar a quienes puedan estar indiferentes frente a
su inamovible presencia, por siglos, en los talleres de la Orden.
Cotidianamente, en nuestros Talleres nos reunimos entre doce columnas,
que, simbólicamente, sostienen el espacio sideral, en cada una de las
cuales se encuentra una imagen que representa a uno de los signos
zodiacales. Allí se encuentran, muchas veces ignorados en la
cotidianidad de nuestras preocupaciones iniciáticas, sugiriéndonos
que, en tiempos pasados, la Masonería
originaria quiso dejar en uno de los lugares más importantes de la
logia una presencia simbólica singular.
Es mi intención, en el plan de esta plancha, dar una visión que
abarque los siguientes aspectos fundamentales: a) una indagación sobre
el conocimiento zodiacal en la historia humana; b) los contenidos del
conocimiento zodiacal en la Masonería; c) tratar de interpretar la
baja opción investigativa de los masones chilenos de las recientes
generaciones frente a éste símbolo fundamental, y d), proponer una
visión personal sobre lo que implica el conocimiento zodiacal, desde
una perspectiva gnoseológica y lo que, masónicamente, su simbolismo
representa.
Desde luego, no hay una pretensión de dar una respuesta definitiva al
respecto. Solo es un intento de reflexión que da cuenta de algunas
perspectivas personales, que someto al libre juicio de los VV\ HH\ de
ésta Resp\ L\ de Investigación.
EL ZODIACO Y EL CONOCIMIENTO ASTROLOGICO.
El término "Zodiaco" proviene del griego, que significa cintura de lo
viviente, círculo de la vida o círculo de los seres vivos.
Etimológicamente provendría de los vocablos Zoon, que quiere decir ser
vivo, y dia, que significa a través.
El Zodiaco es una zona del espacio sideral, determinada por un
observador terrestre, que se extiende a lo largo de la ecliptica u
órbita descrita por la Tierra, en su movimiento anual de traslación
alrededor del Sol. La determinación del ancho de esa banda, ha variado
con el tiempo, para comprender dentro de ella el desplazamiento
aparente – para un observador terrestre, insisto – de los planetas y
astros que se requieren para el estudio astrológico. Esta franja debe
comprender en ella el tránsito que el Sol, la Luna y los planetas
recorren durante un año, pasando por las constelaciones, que da nombre
a cada signo, o aproximándose a ellas.
Desde antiguo, esta franja de 360 grados está dividida en doce partes
iguales, de 30 grados cada una, que reciben el nombre de las doce
constelaciones que se encuentran ubicadas dentro o cerca de ese
espacio. El nombre les fue conferido simbólicamente, de acuerdo a las
características que se percibieron en aquellas épocas en cada
constelación: Aries (el carnero), Tauro (el toro), Géminis (los
gemelos), Cáncer (el cangrejo), Leo (el león), Virgo (la virgen),
Libra (la balanza), Escorpio (el escorpión), Sagitario (el arquero),
Capricornio (la cabra), Acuario (el aguador) y Piscis (los peces).
El desplazamiento de los astros, en el fondo estelar, según un
observador ocular desde la superficie terrestre, ha sido el fundamento
para desarrollar el conocimiento zodiacal. Como todos los planetas
cambian de posición en el citado espacio, durante el año, describiendo
singulares derroteros, se establecen distintas lecturas e
interpretaciones, sobre las proximidades que, unos y otros, tengan, en
un día determinado, e incluso, en una hora determinada. Es lo que se
conoce como horóscopo (imagen de la hora), es decir, la hora astral
del suceso o evento a estudiar, que presenta características
específicas para ese momento en particular.
Por ejemplo, si observamos el planeta Marte, tomando como referencia
determinadas estrellas, éste se desplaza durante algunos meses
siguiendo una línea ligeramente curva, para luego hacer un giro ovoide
(retrogradación), siguiendo por último, el mismo sentido anterior. El
curso de ese desplazamiento, con respecto al del Sol, de la Luna y de
los demás planetas, permite establecer relaciones frente a
determinados procesos, que tienen que ver con la Naturaleza y con el
Hombre, desde un aspecto individual y/o colectivo. Primitivamente, los
planetas considerados para el estudio zodiacal, fueron cinco:
Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, sumados a las dos
luminarias: el Sol y la Luna, que, en la terminología astrológica, se
llaman también "planetas". Mas adelante, con el descubrimiento de los
nuevos planetas, se agregaron Urano, Neptuno y Plutón. El estudio
zodiacal es lo que conocemos como astrología. Inicialmente, la
astrología tuvo una perspectiva eminentemente natural, es decir, tenía
que ver esencialmente con los fenómenos de la naturaleza. En la medida
que se vinculó a los astros con los acontecimientos humanos, surgió lo
que algunos llaman astrología judiciaria.
Durante muchos siglos se pretendió que, del estudio de los astros, se
podían establecer "presagios" que afectarían los conglomerados
sociales (locales, nacionales, etc.). De allí que se habla de una
astrología colectivista. Sin embargo, a partir del desarrollo
astrológico en la Grecia Antigua, tomará un curso básicamente
individual, que apuntará a la determinación del carácter individual,
mas que a la definición del futuro colectivo.
Según la Astrología, el aparente desplazamiento de los planetas por el
Zodiaco, establece relaciones que determinan influencias en el
nacimiento de las personas, moldeando sus rasgos fundamentales de
índole espiritual y física. Ello constituye el hecho astrológico,
expresado en el ciclo de la natividad y el individuo al cual
pertenece. Esta aseveración no tiene demostración científica taxativa,
pero, para el entender de los astrólogos, posee fundamento en el
análisis estadístico de las frecuencias en las tendencias zodiacales.
Como metodología de trabajo, se construye la Carta Astral, un diseño
gráfico, sobre un trazado circular, donde, a través de ciertas
definiciones preestablecidas y algunos cálculos matemáticos, se ubican
los planetas, representados con símbolos específicos, logrando, en
definitiva, hacer una lectura del resultado gráfico que se obtenga.
Para esa lectura existen también ciertas tablas o constantes de apoyo,
de acuerdo a la posición de cada componente en el plano
circunferencial de la Carta Astral, las que señalan determinadas
tendencias que ayudan a lograr el objetivo (definición de rasgos de
personalidad, influencias, eventualidades, etc.).
Como toda forma de conocimiento, a través de los tiempos, ha ido
variando muchas de sus afirmaciones y conceptos, producto del propio
desarrollo del pensamiento humano y de su acción esclarecedora. Desde
las primeras aproximaciones de los caldeos hasta nuestros días, los
cambios de perspectivas y referencias en la astrología han sido
notables, como lo han sido los propios cambios en otras disciplinas
mas reputadas en el ámbito del pensamiento empírico.
Los descubrimientos, los cambios de perspectivas, la acción de la
ciencia, los aportes de la filosofía, en fin, han permitido modificar
la comprensión que tiene el Hombre de la Naturaleza, así como han
tenido un profundo impacto en los parámetros que dan sustento al
estudio astrológico. Constituye un error pensar que la astrología se
ha enclaustrado en sus referencias ptolomeicas o renacentistas. Mucha
de la crítica dura contra el conocimiento zodiacal, basa sus
argumentos en las visiones más arcaicas del conocimiento astrológico,
sin considerar que, como el hombre, el estudio zodiacal, efectuado por
hombres, está evolucionando permanentemente, poniéndose al día,
reconsiderando sus afirmaciones cardinales.
A través de los tiempos, las ópticas de estudio de los fenómenos de la
naturaleza y su relación con el hombre, han variado en su eje o centro
de observación. En algunas oportunidades ha predominado el
geocentrismo, es decir, el predominio de observación teniendo a la
Tierra como centro. En otras, ha sido el antropocentrismo, es decir,
una visión que tiene como centro al Hombre. En ocasiones, el
predominio ha sido nomocentrista, es decir, sostenida en las leyes.
También el teocentrismo, la visión a partir de la religión, ha tenido
una presencia muy gravitante, como, en momentos, la visión
deocéntrica, que sostiene la realidad centrada en
Dios. En cada una de éstas visiones, la astrología ha ganado un lugar,
compatibilizando sus planteamientos.
Con todo, el estudio astrológico no es absolutamente objetivo, ya que
en él pueden incidir factores subjetivos, propios de la profundidad
del conocimiento del que interpreta los fenómenos zodiacales. La
cuestión a discernir, frente a esta forma de conocimiento, es un tema
de resolución personal. Si los movimientos de los planetas y del Sol y
la Luna, producen efectos en las personas o en la Naturaleza, sigue
siendo un tema de debate que no concluirá en lo inmediato. Si esos
efectos tienen un índice de frecuencias suficiente, como para
demostrar el nivel de acierto de la astrología, es el gran tema a
resolver para la aceptación plena de la misma.
LA ASTROLOGIA DESDE SUS ORIGENES HASTA PTOLOMEO.
En el principio de su civilización, el hombre, en su percepción más
elemental e intuitiva, observó la imponente bóveda celestial, en las
sobrecogedoras noches de los tiempos inmemoriales, y absorto y
maravillado, por lo que tenía desplegado frente a sus ojos, consideró
que aquel firmamento tachonado de luces titilantes debía tener un
origen sobrenatural. No pudo evitar, seguramente, asociar aquello a
una idea de divinidad, y estableció entonces formas de culto hacia los
luceros y estrellas, los que identificó con nombres de dioses. Es lo
que, para efectos de estudio, llamamos astrolatría.
Con el paso de los siglos, fue comprobando que los hechos cotidianos
podían relacionarse con aquellos cuerpos celestiales. La Luna
influenciaba las mareas, además de tener alguna coincidencia con los
periodos de fertilidad de las mujeres. El Sol determinaba los ciclos
climáticos. Las estrellas del firmamento permitían la orientación
nocturna.
Sin embargo, a medida que fueron surgiendo mayores interrogantes sobre
lo que ocurría en el cielo, la experiencia contemplativa fue siendo
sustituida por el activo deseo de develar los misterios de la
existencia humana, entendida como un fenómeno estrechamente ligado a
la existencia del cosmos. Así, la astrolatría cedió su sitio a la
astrología. Sin duda, existió gran actividad astrológica mucho antes
de los primeros documentos de ese carácter que hemos conocido con
posterioridad. Investigaciones llevadas a cabo sobre inscripciones
arqueológicas de la Edad del Hielo, indican, por ejemplo, que el
hombre conocía los periodos lunares hace mas de 32.000 años. Se han
encontrado antecedentes astrológicos del reino de Sargón de Agade,
alrededor del año
2.870 A.de C., que muestran predicciones basadas en las posiciones del
Sol, la Luna y los cinco planetas entonces conocidos, mas una serie de
datos sobre otros fenómenos, incluidos cometas y meteoritos.
No obstante fueron los caldeos los primeros en dejar una herencia
específica en el estudio zodiacal y en el desarrollo de la astrología.
Los caldeos, astrónomos y matemáticos agudos, observaron que los
acontecimientos del cielo tenían un mismo patrón: las estrellas en el
cielo se movían en el firmamento siguiendo un orden fijo, y los
planetas se desplazaban casi en un
mismo plano sobre el espacio estelar. Desde luego, era una observación
simplemente ocular, y de naturaleza eminentemente terrestre. Estas
observaciones los llevó a la conclusión de que los planetas seguían
determinadas leyes, diseñándose las primeras tablas de los movimientos
planetarios, siendo las más antiguas las que datan de la época del
reinado asirio de Asurbanipal.
Para confeccionar su sistema cosmológico, los caldeos utilizaron doce
constelaciones, por las que el Sol y la Luna pasaban periódicamente.
Fundados en esa estructura cognitiva, se dedicaron a hacer
predicciones sobre los grandes acontecimientos que podían afectarlos
como nación, y las repercusiones que ellos podían traer (guerras,
inundaciones, eclipses, en fin). Estos conocimientos fueron heredados
por las culturas posteriores, tales como la egipcia, la griega y
romana. En el Egipto Antiguo, se estima que fueron introducidos en
tiempos también remotos, aunque su mayor difusión parece haberse
logrado en el siglo III A.de C., bajo el Imperio de Alejandro Magno.
En los muros de los templos egipcios es posible aún consignarlo,
siendo el más célebre el Zodiaco esculpido en el Templo de Hathor, en
Déndera (Alto Egipto). Importancia especial tuvo en la cultura
helénica, el aporte de la escuela pitagórica, la primera en llamar
cosmos a todo lo existente, implicando una reciprocidad de efectos
entre el Universo y el Hombre, sosteniendo un principio de armonía, no
basado en la divinización de los astros, sino que en su número, medida
y en leyes geométricas. Hiparco de Nicea, en tanto, fue quien reafirmó
dentro de la Grecia Antigua la idea de las doce divisiones, dándoles
el nombre de las constelaciones más cercanas, y detectó el fenómeno
conocido como precesión de los equinoccios.
En tanto, durante el apogeo del Imperio Romano, el arte de la
adivinación, sostenido en el conocimiento astrológico, proliferó de
tal manera que se hizo habitual su dominio por mercanchifles y
charlatanes, oportunistas que contribuyeron históricamente al
desprestigio de quienes se dedicaban seriamente al estudio zodiacal,
al punto que, muchas de las descalificaciones que hoy sostienen los
argumentos contra la astrología, descansan en esa herencia cultural.
Otras civilizaciones antiguas también desarrollaron un importante
aporte al conocimiento astrológico. En la India se han encontrado
vestigios de 5.000 años de antigüedad. Los nombres que los hindúes de
hace 2.000 años, dieron a los signos de su zodiaco, fueron
coincidentes, en su gran mayoría, con los nombres usados por los
griegos. Los chinos, en tanto, desarrollaron su propia interpretación
astrológica, dividiendo los signos astrológicos en 5 moradas – un
punto central y cuatro regiones cardinales – y cinco elementos –
madera, fuego, tierra, metal y agua -, los que, a su vez, se agrupan
en dos géneros: el Tang (macho, claridad, actividad), y el Ying
(hembra, oscuridad, pasividad). Los signos chinos recibieron los
nombres de los animales más próximos a su cultura, y se identificaron
con las características de éstos: rata, buey, tigre, liebre, dragón,
serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro y cerdo. Estos signos no
dividen la franja del firmamento, como en el zodiaco babilónico, sino
en el ecuador, y cada signo corresponde a cada una de las doce horas
dobles, usadas para medir el día y los doce meses del año. Mucho mas
tardíamente, son dignos de mención los estudios astrológicos de los
árabes, que tuvieron a Albumansur, hacia los años 800 D.de C., como
uno de sus principales exponentes. Es importante tener presente, que
los mayas y toltecas, también desarrollaron un estudio zodiacal, a
pesar de no haber tenido, aparentemente, relación con las cultural
mediterráneas u orientales.
Sin embargo, no cabe duda que el aporte más fundamental al estudio de
los astros, y al desarrollo científico de la astrología, provino de la
cultura griega y del helenismo. No es una casualidad, si consideramos
el contexto cultural que favorece esa potenciación. En Alejandría,
capital del Egipto desde el siglo III A.de C., gracias al sistemático
trabajo de Ptolomeo (138-180 D.de C.), se establecen los enunciados
sobre los cuales se interpretará el Universo a través de mas de un
milenio. Es él quien formula una cosmovisión geocéntrica del mundo,
especialmente en su libro Almagesto, que, mas allá de sistematizar la
perspectiva astronómica de su época, indicaba que la Tierra era el
centro del Universo, lo que le lleva a interpretar una visión humana
del mundo, donde el conocimiento astrológico es lo medular.
Recordemos que para los griegos la visión de la Tierra era esferoide,
ya desde Eratóstenes (siglo III A.de C.), concepción que cambiaría en
el mundo cristiano con Kosmas (500 años D.de C.), que aplicó la
doctrina eclesiástica de un mundo plano, en el cual, el Paraíso estaba
en el Este. En su obra Tetrabilón, Ptolomeo ordena las herencias
astrológicas mesopotámicas, egipcias y griegas, formula la categoría
de los signos, respecto de los llamados "planetas regentes" y plantea
la importancia del horóscopo individual, apartándose de la astrología
colectivista que había predominado hasta entonces.
Esta visión ptolomeica era absolutamente compatible con los valores y
el sentido de armonía de los griegos, donde el hombre se sentía en el
centro del Universo, y la finalidad de su existencia era el desarrollo
total y armónico del cuerpo y el alma. Las dos máximas que estaban
grabadas en el Templo de Apolo : "Nada en Exceso" y "Conócete a ti
mismo", eran las referencias que
servían para indicar el camino del autoconocimiento, del autodominio y
la moderación, con relación a sí mismos, y en relación con el
Universo.
A la luz de la historiografía modernista, hoy día el legado de
Ptolomeo es reconocido en el ámbito de la astronomía, de las
matemáticas, de la física y de la cartografía, ocultándose que no fue
un astrónomo, sino que un astrólogo, cuyo aporte a la comprensión del
hombre en el Universo, estuvo marcado por una cosmovisión que contenía
lo fundamental del hombre griego que exaltó Alejandro Magno.
LA IMPORTANCIA DE LA ASTROLOGIA EN EL RENACIMIENTO.
Con el advenimiento de la Edad Media, se expresó claramente el dilema
de los teólogos, en torno a clasificar a la astrología como ciencia o
como arte adivinatorio prohibido. La pérdida irreparable de Alejandría
y de su influencia cultural en el mundo mediterráneo, el anatema sobre
aquellos pensadores cristianos que estaban en contradicción con la
impronta de San Agustín de
Hipona, creó las condiciones para la satanización religiosa de la
astrología. Así, por ejemplo, John de Salisbury (1115-1180) plantearía
que aquella usurpaba las prerrogativas del Creador.
Pese a ello, algunas Universidades de la Edad Media, enseñaban
astrología, como la de Bolonia (desde 1125) y Cambridge (1250)
En el siglo XIII, San Alberto Magno (1200-1280), separaría claramente
la astrología de sus asociaciones paganas, planteando que las
estrellas no podían incidir en el alma humana, aunque podían influir
en el cuerpo y en la voluntad de los hombres. Santo Tomás de Aquino
(1225-1274), reforzando aquel punto de vista, llegó a afirmar que la
astrología podía considerarse un complemento de las visiones que la
Iglesia tenía del Universo. El planteamiento tomista adquirirá tal
arraigo, a nivel de la jerarquía esclesiástica, al punto que varios
Papas contaron en su círculo de asesores o cortesanos, a uno o mas
astrólogos. En los siglos inmediatamente siguientes, el estudio
astrológico adquirirá gran relevancia y gran difusión, como
consecuencia de la expansión espiritual que significó el Renacimiento.
Esta época constituyó la reposición o recuperación de los conceptos
fundamentales del helenismo, luego de casi mil años de oscuridad
cultural, impuesta por los dogmas de la fe y el poder confesional. Los
conceptos griegos de armonía, de un Universo en que todo estaba
relacionado, y cuyos componentes eran inter-dependientes, recuperó
presencia en el mundo cultural occidental.
En virtud de ello, la astrología cobró especial importancia, así como
se pudo desarrollar la alquimia. Había una valoración de los
componentes de la Naturaleza, dentro de los cuales estaba el Hombre,
como expresión culmine de la Obra del Creador. Por eso, se recuperó la
singular valoración por la belleza humana, por el sentido armónico
entre éste y Dios (recordemos el notable fresco de la Capilla Sixtina,
obra de Miguel Angel, en que el Hombre y su Creador, refulgen en sus
anatomías físicas, el uno junto al otro, componiendo una misma
realidad). El antropocentrismo significaba que el Hombre estaba, pues,
en el centro de la Creación, no que era el centro mismo, ya que el
centro estaba ocupado por el Creador.
Consecuencia de esto, en la primera parte del Renacimiento, hubo
intelectuales de trascendente importancia para la civilización
occidental, que no fueron ignorantes del estudio astral y a su posible
gravitación en el ser humano.
Uno de estos fue, sin duda alguna, Theophrastus Bombast von Hohenheim
(1490-1541), mas conocido como Paracelso, verdadero padre de la
medicina basada en la quimioterapia. Médico, alquimista, filósofo,
astrólogo. Sin duda, representa a un arquetipo del hombre
renacentista. A pesar de que nunca incursionó en la definición de
horóscopos, avanzó profundamente en la relación de los astros con el
cuerpo humano, así como con los minerales y las plantas. Esto fue muy
gravitante en sus formulaciones respecto del uso de sustancias
químicas en el tratamiento e enfermedades. Una de sus afirmaciones mas
relevantes, que, desde hace algún tiempo, cobran especial fuerza en el
estudio psicosomático, es la relativa a la relación de los fenómenos
físicos con los psíquicos, en una concepción unitaria del cuerpo
humano, que Paracelso relaciona íntimamente con la influencia astral.
Vale considerar en ésta perspectiva, en el mismo contexto, al sabio de
Vinci, Leonardo (1452-1519), quien, con celo investigador y una
profunda mirada, no se sustrajo a ese espejo de la armonía universal,
que es el cielo estrellado, donde seguramente encontró la confirmación
de que había descubierto, en la indagación del cuerpo humano y en su
sensibilidad humanista: el mundo en miniatura – el hombre o
microcosmos – es una reproducción de un modelo más grande – el
universo o macrocosmos.
Casi contemporáneamente a Leonardo, el concepto geocéntrico de
Ptolomeo, comenzaba a desmoronarse con las tesis de Copérnico, que, en
1543, el mismo año de su muerte, plantea en su libro De revolutlanbus
arblum caelestlum, que la Tierra no era el centro del Universo, sino
que el Sol, en torno al cual giraban los planetas.
La teoría de Copérnico afectó profundamente las tesis de los
astrólogos, y la Iglesia Católica se declaró enconada enemiga de la
misma, porque echaba por tierra su propio planteamiento de planitud
terrestre. Quien sufriría los peores embates a causa del planteamiento
copernicano, será Galileo, quien trató de hacerlas evidentes, a través
de sus observaciones efectuadas con un telescopio, recibiendo las
condenas de la jerarquía de la iglesia papal, que lo obligó a
retractarse. Como sabemos, esta teoría será luego profundizada por
Kepler, quien formula la ley del movimiento planetario, la velocidad
de los planetas y la naturaleza de sus órbitas alrededor del Sol.
Kepler (1571-1630) sostuvo que "la ciencia de los astros se divide en
dos partes: la primera, la astronomía, se refiere a los movimientos de
los cuerpos celestes; la segunda, la astrología, a los efectos de los
mismo cuerpos en un mundo sublunar". De hecho, su decidida opción
astrológica, lo llevó a escribir varios libros al respecto.
Sementovsky-Kurilo plantea que la intención de alejar a Kepler de la
astrología, por parte de ciertos historiadores, pretende
superlativizar al científico en relación al hombre, pues, su obra,
como expresión coherente de su personalidad, fue profundamente
sensible a la armonía estructural de las cosas que hay en la
naturaleza. "La astrología aparece a los ojos de Kepler – dice ese
tratadista – como una ciencia, en sus premisas fundamentales, debido a
los descubrimientos de la astronomía, y como un arte, en su aplicación
práctica, que exige del astrólogo una aguda sensibilidad, lo que, en
lenguaje cotidiano, significa asociación imaginativa de intuición
psicológica".
Kepler, no solo se limitó a crear un sistema cosmológico con carácter
genérico, sino que supo intuir la forma efectiva en la que se
concretan las relaciones entre el cosmos y el hombre, proponiendo la
existencia de un elemento activo, irradiado por los cuerpos celestes,
que constituye algo así como la quintaesencia en movimiento, y que
puede hoy homologarse con las comprobaciones de la física
contemporánea respecto de la masa y onda de la luz. Se puede decir,
dice Sementovsky-Kurilo, que, con Kepler, termina la era de las
grandes cosmologías. Nada de lo que se ha hecho, posteriomente,
alcanza la profundidad y amplitud de
aquellas. Lo que siguió en adelante, fueron la fragmentación, la
unilateralidad, y el reduccionismo.
Efectivamente, en un momento del Renacimiento, hubo una ruptura entre
el humanismo, que centraba sus objetivos en el Hombre y en su
desarrollo espiritual, para centrarlo exclusivamente en el desarrollo
material. El antropocentrismo, es decir, el Universo centrado en el
hombre, fue sustituido y reemplazado por una visión en que el Universo
es el hombre, ignorando el efecto de su acción en el resto de la
cadena de la vida.
https://groups.google.com/forum/#!searchin/secreto-masonico/EL$20SIMBOLISMO$20ZODIACAL%7Csort:relevance/secreto-masonico/YT1dCAILfQo/Nqa2LsRir7AJ
 —

Mensaje enviado al foro Secreto masónico por el V:.H:.Lázaharo Hael
SECRETO MASONICO ›
EL DOGMA DEL G,',A,',D,',U,', - (Lázaharo Hael)
https://groups.google.com/forum/#!topic/secreto-masonico/ic3z9sdnb44
“EL DOGMA DEL G,’, A,’, D,’, U,’, (II)”

En la Masonería del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, es requisito para ser iniciado en el primer grado, la aceptación de la existencia de Dios o de un ser superior, el cual por la pluralidad de creencias religiosas y nombres con los cuales los hermanos extendidos sobre toda la faz de la tierra designan a su propio Dios, se le nombra: “El Gran Arquitecto del Universo” (G,’, A,’, D’, U,’,).

El hombre no es la medida del universo, sin embargo, todo cuanto el percibe objetiva o subjetivamente como existente, tiene la medida de su conocimiento.
Para la humanidad, el conocimiento proviene, viene de dos fuentes, la mente y el corazón del hombre, el primero es el conocimiento objetivo como resultado de la percepción y el análisis del universo externo que le rodea, y el segundo es el de la revelación o intuitivo que nace de su interior.
La búsqueda del G,’, A,’, D,’, U,’, no nace exactamente de un razonamiento lógico u objetivo, ni mucho menos es comprobable por ser incorpóreo y subjetivo, sino que es producto de una pulsión que le impulsa, vaya la redundancia, en esta búsqueda que quizás algunos la ubiquen como una manifestación disimulada de la primera y más importante pulsión instintiva del hombre, “La sobrevivencia”, porque el aceptar que somos en última instancia, almas encarnadas que emanamos de Dios, es compartir con nuestra fuente, su propia inmortalidad.

“¡ Oh, G,’, A,’, D,’, U,’, ! Creador omnipotente, Inmutable, Eterno y Justo, los obreros de paz, reunidos en esta logia, misma que representa el cosmos, con profundo recogimiento espiritual desean dedicar sus trabajos a tu nombre y a tu gloria” Esta es una parte de una oración con la que inician los trabajos en la Masonería del R,’, E,’, A,’, A,’,
El dogma del GADU en la Masonería Escocesa, debe ser en los grados inferiores, porque conforme avanzan hacia los grados superiores, se espera que el Mason descubra o confirme por sí mismo la existencia del GADU.
El M,’, M,’, dice conocer la acacia, y que la encontró en la fosa del V,’, M,’, Hiram Abiff, esto no debe ser una fantasía poética, la fosa de Hiram, es un símbolo alegórico del cuerpo físico del hombre, y la acacia símbolo de la inmortalidad, es otra alegoría del alma humana; de tal modo que conocer la acacia que es un símbolo de la inmortalidad, es conocer el alma, es adentrarse en el interior del hombre en búsqueda de la bóveda secreta donde se encuentra la urna con el corazón embalsamado de Hiram, es abandonar el mundo exterior que el hombre percibe por sus sentidos físicos, e introvertir nuestra consciencia hacia nuestro mundo interior en búsqueda de nuestra esencia, nuestra propia y original identidad, nuestro verdadero “yo”, nuestra alma.

La liturgia del Gr. XVIII Caballero Rosacruz habla de la búsqueda de la palabra perdida que es el hombre mismo; es decir, su identidad verdadera, su alma, la cual se alcanza al lograr la iniciación trascendental, y agrega:
“Los templos de Dios en la tierra, son los cuerpos humanos, y en cada uno de ellos se encuentra como una proyección suya, un maestro cuya mente está imbíbita en la mente cósmica”.
“No podemos nosotros, ni hay poder en el mundo fuera de vos mismo, que pueda iniciaros en el ultérrimo secreto del Gr. XVIII”.

Es curiosa la naturaleza humana, leemos o repetimos las palabras de las liturgias, y simulamos aceptarlas como verdades conocidas por nosotros, cuando en realidad, dentro y en secreto no las aceptamos como tales, sino como fantasías poéticas.
Simulamos saber cuando en realidad no sabemos, y guardamos las palabras como tesoros secretos, cuando en realidad solo poseemos palabras en tinta sobre un papel.

El GADU debió dejar de ser dogma al llegar a Maestro Mason, y llegar al Gr. XVIII Caballero Rosacruz sin haber “experimentado” nuestra propia dualidad como materia y alma es no haber alcanzado la iniciación transcendental; La liturgia nos da los pasos para buscar y alcanzar tal iniciación; La concentración seguida por la meditación como medios para alcanzar el objetivo de nuestras búsqueda. “Pedid y se os dará; Buscad y encontrareis; llamad y se os abrirá”, (Mt 7, 7)

Tan negativo es para ateos como creyentes, volverse dogmáticos en sus ideas, porque crean cadenas en su propia mente que le sujetan a impidiéndoles ver la verdad que pasa frente sus ojos… porque así como podrían estar en lo cierto, también podrían estar equivocados.

Se “dice” que el GADU es incorpóreo, lo cual, lo vuelve una ideal conceptual en la mente del hombre, pero es común, que muchas de nuestras ideas o conceptos tengan como fundamento ideas ajenas a nosotros; El Dios que concebimos es en muchos casos, ideas religiosas sembradas en nuestra infancia.
El concepto o idea de Dios que las religiones presentan, es sumamente fantasioso, porque no lo presentan como algo alegórico y alcanzable, sino como una verdad literal y absoluta que lo vuelve inalcanzable para nosotros; Dios es “como” la partícula bajo la óptica de la física cuántica, que se presentan según el concepto de quien observa, y este es el problema, el concepto que cada quien tiene de él, porque inclusive los ateos tienen un concepto de él, y aun en esto último, el ateo le da existencia en su mente.

Las religiones no son malas en sí mismas, lo malo son los intereses o ansias de poder de la curia que las dirigen y la indolencia de los creyentes que se niegan a pensar por sí mismos.
Etimológicamente la palabra religión viene de “religar” o “religare” que quiere decir “amarrar” o “unir”, esto podría definirse como la unión del hombre con Dios; No con la casta sacerdotal, ni esos imperios que ellos llaman religión, sino la unión espiritual del hombre con su Dios, o al menos, con el concepto o ideal que tiene de él.

Seamos congruentes entre lo que decimos ser, creer, o saber y la realidad cierta; No podemos estudiar la liturgia del Gr. XVIII Caballero Rosacruz, y simular que sabemos por experimentación propia lo que ahí se dice, porque repetir palabras no nos hace poseedores de la revelación de los secretos de este grado.
Dios al igual que el alma del hombre, existen bajo diferentes conceptos o ideas de cada hombre, y cada quien debe experimentar en sí mismo su propio ideal de Dios y de su propio ser; El dogma aunque sea disimulado, debe morir, pero no por la sustitución de otro dogma, sino por la experiencia en uno mismo de nuestra propia realidad como seres espirituales encarnados, porque experimentar la existencia de nuestra alma como una realidad extracorpórea, nos abre la posibilidad de experimentar a Dios en diferentes grados y capacidades;
Un Q,’, H,’, me dijo: “Dios Es Contingente”… Tiene razón, pero el hombre no ha comprendido su papel e importancia en la ecuación de la manifestación.
Es cuanto mi pensar y sentir.

“El Secreto Permanece Inviolable Por Su Propia Naturaleza”
Pax Vobiscum.

Lázaharo Hael,’,

Nota:
El presente no es continuidad del “Dogma del GADU” del 22 de octubre del 2010.
Símbolo y alegoría, no son verdades por sí mismos, sino que apuntan hacia ella.
El presente son reflexiones y meditaciones personales, no necesariamente representan la opinión de la orden.
No escribo para todos, sin embargo, todos son invitados a leer.
Culiacán, Sinaloa. México. A 15 de noviembre del 2013.
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  • Angel Corvinus y a ti les gusta esto.
  • Vicente Alcoseri Si, Q:.H:. Freddy del Moral es tremando lo que sucede en Venezuela, todo a raíz del socialismo cubano que se apoderó de ese rico país para saquearlo
  • Juan Huertarodriguez y eso que presume de ser un ejemplo de sistema


    Simbolismo : EL SIMBOLISMO ZODIACAL EN EL TEMPLO MASONICO 2 
    (Mensaje original) Enviado: 14/06/2006 08:29 p.m. 
    En un trabajo titulado "Refilosofía", propuse el siguiente criterio, 
    que quiero traer a colación en esta oportunidad: "...el Humanismo
    renacentista estuvo predominado ampliamente por el antropocentrismo,
    es decir, aquella condición en la cual el hombre era puesto al centro
    de la Naturaleza, en armonía con un Universo que era comprensible -
    dentro de los límites del conocimiento de la época - respecto del
    transcurso humano. En cambio, lo que predomina a partir del apogeo
    modernista, es el antropicismo, que pone al hombre sobre la
    Naturaleza, la que supone funcional al propósito humano. Ergo, siendo
    el hombre parte de esa Naturaleza, éste se hace también funcional al
    hombre".
    La ruptura con la astrología y el conocimiento zodiacal, se produce
    cuando la cultura europea opta abiertamente por un conocimiento
    espiritualmente neutral. Interesa del estudio de los astros solo
    aquello que permita definir las leyes que los gobiernan, no la
    relación de los astros con los hombres. En lo mismo que ocurre con el
    alquimismo, donde se acepta el manejo de las sustancias químicas,
    pero, no cualquier valoración de tales sustancias, como elementos de
    la naturaleza que forman parte de un sistema común, del cual es parte
    el ser humano. La ruptura con la astrología, es, ni más ni menos, que
    la ruptura con una concepción de la realidad, de la vida y del
    Universo, para imponer una concepción de la Naturaleza "objetiva",
    neutra, amoral, ideologizada. Tal, pues, que, la depredación del medio
    ambiente, el deterioro progresivo de los recursos, la deshumanización,
    han sido expresiones de un gran desequilibrio que se producirá en
    adelante con la incontrolable acción transformadora del hombre, que
    busca, en la conquista de la Naturaleza, un exclusivo beneficio
    material.
    LA ASTROLOGIA EN LA MODERNIDAD.
    Una de las características del mundo cultural, determinado por la
    concepción occidental – empírica y reduccionista -, que podemos
    calificar de "cientifiquista", es el manifiesto desprecio por todo
    aquello que no está caracterizado por la impronta científico-empírica.
    Todo aquello que tenga otros componentes, otras raíces, otros
    parámetros de análisis, ha sido catalogado de
    "sospechoso", "subjetivo", "arcaico", "mitológico", "retrasado",
    "ignorante", "charlatanería", etc. De este modo, se ha minusvalorado
    conocimientos ancestrales, formas de vida, comunidades sostenidas
    sobre otros basamentos espirituales. Basados en una idea de "progreso"
    que implica esencialmente una agresión cultural, una dictadura
    espiritual, se ha impuesto un molde único, una forma de entender la
    realidad, en que solo puede tener valor aquello que es calificado como
    moderno, científico o racional.
    La ruptura del equilibrio espiritual de muchas pequeñas
    civilizaciones, en los últimos 100 años, el avasallamiento de las
    culturas autóctonas, el envilecimiento de la idea de desarrollo, la
    imposición de una concepción espiritual excluyente, han marcado con
    patetismo el rumbo de una civilización que lo domina todo, que
    destruye toda originalidad civilizacional, y que moteja de modo
    categórico lo que no se encuadra en sus parámetros exclusivos. La
    ruptura, hacia finales del Renacimiento, entre la ciencia, la
    filosofía y la religión, provocará la progresiva fragmentación del
    conocimiento.
    En la medida que se consolidó la visión empírica de la ciencia,
    progresivamente, se inició una fuerte arremetida contra el estudio
    zodiacal, que fue considerado cercano a la superchería. Contribuyó a
    esa embestida la Iglesia Católica, desde sus esferas de poder
    político, en las cortes europeas. Emblemático en esa escalada, será el
    Ministro de Luis XIV, rey de Francia, Jean-Baptiste Colbert, que, en
    1666, ordenó excluir la astrología de la Universidad de París. En
    tanto, la superación del sistema ptolomeico, será decisiva para la
    separación de la astrología y de la astronomía. Ello obligó a los
    estudiosos de la primera, a revisar profundamente sus premisas
    teóricas y sus métodos de trabajo. No obstante, aquello permitió
    también superar muchas de sus debilidades, pues, pudieron resolverse
    muchos de los problemas interpretativos que permanecían poco claros
    bajo el esquema geocéntrico. Al respecto, Sementovsky-Kurilo sostiene
    que "la sustitución del sistema geocéntrico por el heliocéntrico, no
    significaba sino la desviación del punto de observación, un cambio de
    perspectiva, por lo que, la relación real entre el cosmos y el hombre,
    no sufrió ningún cambio fundamental". Con todo, la dispersión de las
    ideas cosmológicas y la consiguiente disgregación de todo el complejo
    astrológico, en campos de observación independientes, será una de las
    causas de la carencia de una visión humanista. Contribuirá, en esa
    perspectiva, el concepto cartesiano donde solo es considerada aquella
    que se basa en principios racionalistas y empíricos. Uno de los
    esfuerzos realizados para recuperar esas perdidas visiones, aunque
    solo de un modo parcial, fue el realizado por Helena Blavatsky
    (1831-1891), al dar forma a una visión que llamó teosófica, pero, que
    tenía la limitación de ubicarse solo en un ámbito esotérico. Revisando
    las ciencias actuales, tal vez solo la física moderna y la biología,
    así como el pensamiento holónico y el pensamiento complejo, sean los
    espacios que tienden a recuperar aquella intensión de sabiduría, que
    la especialización reduccionista ha buscado sepultar.
    La astrología, en las últimas décadas, ha ido recuperando su prestigio
    en ciertos círculos científicos e intelectuales. En cierto modo,
    contribuyó a ello, la opinión de Carl Gustav Jung, en la primera parte
    del siglo XX, que consideró los fenómenos zodiacales, de manera
    franca, para explicar muchos de los problemas de la mente humana.
    Promotor de la psicología de la profundidad, Jung ha permitido
    encontrar, en su trabajo sobre el inconsciente colectivo, una
    persuasiva conformación científica de la astrología contemporánea.
    Según sus estudios, los elementos de la astrología presentan todas las
    características de lo que llama "elementos integrantes de la
    estructura arquetípica del alma humana". En base al concepto
    fundamental de los arquetipos, Jung define la astrología como un
    método experimental, que permite reconocer las leyes psíquicas y el
    conjunto de las características humanas. Con la masificación de la
    prensa escrita, desde fines del siglo XIX, se abrió un espacio para la
    horoscopea cotidiana, de la mano de oportunistas e inhábiles
    astrólogos de baja monta, muchos de los cuales se han movido en el
    mínimo espacio de la especulación de las creencias. Objetivamente, su
    calificación cae derechamente en la astromancia, y no en la
    astrología, los que, lejos de dar prestigio al conocimiento zodiacal,
    han contribuido a su desprestigio y a su descalificación.
    Pero, ello no ha sido óbice, para que muchas personas, con ideas menos
    prejuiciosas, especialmente, personas de estudio y de juicio sereno,
    busquen de manera creciente profundizar en el conocimiento
    astrológico, y en sus alcances metodológicos. El estudio astrológico
    hoy descansa fuertemente sus argumentaciones en las estadísticas, lo
    que ha permitido establecer índices de frecuencia, que demuestran
    tendencias claras, relativas a la influencia determinativa de los
    astros zodiacales en factores tales como: la personalidad, los ciclos
    de ciertos procesos fisiológicos, factores de determinación psíquica
    de las personas, aspectos referidos a herencia astral, diagnóstico de
    enfermedades, etc.
    Esto ha provocado que, desde mediados del siglo XX, muchas
    investigaciones han descansado en la posibilidad astrológica, tanto en
    universidades como en diversos institutos de investigación científica.
    En esa misma tendencia, se han fundado organismo e instituciones que
    buscan mantener el prestigio y la adecuada interpretación astrológica.
    Reputación, en ese ámbito, tiene la Sociedad Internacional de
    Investigación Astrológica.
    Pero, volviendo a la concepción cosmovisional del Universo, que, luego
    de Kepler, se perdiera por la fuerte tendencia cientifiquista, las
    nuevas teorías y los cambios en el pensamiento, producidos por la
    crisis de la modernidad, permiten vislumbrar una tercera gran
    cosmovisión unificadora del pensamiento humano, en que nuevamente
    habrá cabida para una concepción interpretativa del hombre, mas
    estrechamente relacionada con el Universo en el cual se encuentra.
    LA REFUTACION A LA ASTROLOGIA.
    En nuestro tiempo, el conocimiento zodiacal y la astrología, como
    método de aplicación y estudio, han sido refutados desde diversas
    concepciones del pensamiento, muchos de los cuales tienen arraigados
    orígenes en la cultura occidental. De modo sintético, podemos hablar
    de tres refutaciones fundamentales: la cultural, la científica y la
    religiosa. En el campo de la filosofía es poco lo que es posible
    constatar, fundamentalmente porque la astrología no ha sido un motivo
    de preocupación especulativa, y cuando ha existido una opinión, esta
    ha sido adoptada desde los criterios de la religión o de la ciencia.
    La refutación cultural.
    Esta se funda en las tradiciones anti-astrológicas de nuestra
    civilización, con influencias de tipo laica o secular, muchas veces,
    con arraigos ideológicos o sociológicos de diverso origen. Se nutre de
    aspectos de percepción colectiva, que entiende a la astrología como un
    arte propia de la subcultura de la adivinación o de la especulación
    ocultista. El uso de la astrología por parte de individuos que se
    dedican a beneficiarse de sus supuestas capacidades adivinatorias, a
    través de diversos artes – entre ellos, la horoscopea -, ha
    contribuido a acendrar la opinión cultural, en una parte de nuestra
    sociedad, de que, todo lo relacionado con el estudio zodiacal, tiene
    que ver con timadores y charlatanes, o falacia circense.
    La creencia de cierta gente, de que la astrología tiene relación con
    las llamadas ciencias ocultas o con ciertas energías desconocidas, que
    requerirían una especie de iniciación mística para acceder a su
    conocimiento, ha contribuido para catalogarla como un arte de
    parlanchines. La acusación más común, entonces, señala que la
    astrología, es una ciencia falsa, un simple arte o doctrina con
    perfiles ocultistas, desprovista de valor ético – una simple creencia
    profana -, basada en afirmaciones indemostrables e inverificables.
    Algunos de los criterios populares, para denostar el conocimiento
    zodiacal, son las siguientes: 1.La división del zodiaco en 12 casa o
    signos, es una simple arbitrariedad, lo que demuestra su
    inconsistencia. Los distintos sistemas astrológicos, dan como
    resultado distintas divisiones, en las distintas escuelas
    astrológicas: mesopotámica, grecolatina, china, celta, maya, etc. 2.El
    estudio zodiacal tiene su origen y fundamento en las culturas inter-
    tropicales (entre los trópicos de Cáncer y Capricornio), donde es
    posible establecer los parámetros de la franja zodiacal. La influencia
    astral pierde todo sentido sobre esos parámetros, en las regiones
    polares, donde se distorsiona la visión de la eclíptica.
    3.Las supuestas influencias astrales no son demostrables ni como
    fuerzas ni como energías, por lo que son indefinibles.
    4.Siendo la astrología un esquema que funciona en la Tierra, sobre la
    base de la observación terrestre de los astros, carecería de sentido
    ante un eventual nacimiento de un individuo fuera de la Tierra.
    5.La relación de los signos zodiacales con las constelaciones que
    reciben esos nombres es ridícula, ya que éstas no están comprendidas
    en la franja zodiacal.
    6.El fenómeno de la precesión equinoccial, o desplazamiento de la
    esfera celeste en un movimiento rotatorio, que cada 2.150 años produce
    una diferencia de 30 grados, provocando que la franja zodiacal vaya
    variando con el paso de los siglos en su ancho, lo cual hace
    insostenible la tesis astrológica a través del tiempo.
    7.El efecto de los astros sobre la natividad de un individuo es una
    falacia, ya que, si hubiese una influencia posible, esta debería
    manifestarse en el momento de la gestación, pero, como eso ocurre en
    un momento más inestable como dato, no se toma en cuenta. La
    refutación religiosa.
    Nuestra referencia, para esta refutación, por cierto, se centra en la
    opinión de las religiones de origen cristiano – católica y/o
    protestantes –cuya presencia es predominante en nuestro ámbito
    civilizacional occidental.
    La refutación que hacen las religiones, no se centra en una crítica
    respecto de los aspectos metodológicos que pueda contener la
    astrología, sino que en el fundamento de ella. Bajo el punto de vista
    teológico cristiano, la práctica de la astrología es una manifestación
    irreligiosa, de claras tendencias paganas, que se manifiesta ante la
    falta o la debilidad de la fe.
    La existencia de la astrología – como la del tarot, runas, y otras
    manifestaciones de tipo adventicio-pagano – es contraria a la debida
    observancia de las doctrinas de la Fe.
    Teológicamente no es posible concebir la existencia de una práctica o
    metodología, que pretenda escrutar el misterio de la concepción humana
    o del porvenir, pues, ellos están determinados solo y exclusivamente
    por el designio divino.
    Para el cristiano, para quien se considera un verdadero creyente, el
    hombre está hecho a la imagen de Dios y es producto de su
    determinación, y no puede haber otra influencia en el proceso de
    natividad de un individuo, que la voluntad de Dios, ya que la vida es
    consecuencia de su creación, y solo a él está subordinada.
    La refutación científica.
    La refutación que la ciencia ha hecho de la astrología, no tiene mas
    de tres siglos, puesto que, antes de la separación de la astronomía y
    la astrología, esta última era considerada como una ciencia más.
    Sin duda, influirán en la refutación científica respecto de la
    astrología, la noción científica que se impone a partir a Descartes,
    en el siglo XVIII, empírica y reduccionista, y la concepción
    newtoniana (recordemos que Newton fue un entusiasta astrólogo) de un
    Universo determinado por leyes y por principios matemáticos, que
    tendrá su máximo exponente en la noción que entrega el Marqués de
    Laplace. Desde un punto de vista clásico, la ciencia es entendida como
    un conocimiento sistematizado, organizado a través de la experiencia
    sensorial, objetivamente verificable. Tiene, en ese contexto, un valor
    universal, que se caracteriza por un método determinado, que se funda
    en objetivos controlables, así como en observaciones y pruebas
    repetibles y verificables. Hasta hace algunas décadas, se afirmaba que
    la ciencia no podía admitir una afirmación que no fuera verificable
    desde un punto de vista empírico, y toda búsqueda del conocimiento
    tampoco podía desligar la ciencia pura – la investigación científica
    sin objetivos concretos – de la ciencia aplicada – la búsqueda de usos
    prácticos del conocimiento científico - y de la tecnología, a través
    de la cual se hace tangible y práctico el conocimiento científico. De
    éste modo, si los preceptos de la astrología no podían ser objeto de
    un estudio empírico, si sus conceptos no podían ser reducidos a la más
    mínima escala de análisis y verificación, no
    tenía valor científico. Dentro del concepto empírico, se llegó a la
    conclusión de que, en el estudio de los astros, solo tenía valor el
    estudio de las leyes que regían su comportamiento (desplazamiento,
    rotación, gravitación, etc.), eliminando toda influencia del logismo,
    para dar valor solo al nomismo.
    La concepción de la ciencia, en la segunda mitad del siglo XX, sin
    embargo, comenzó a variar hacia la segunda mitad, fundamentalmente con
    los profundos cambios que se manifiestan a partir de la física, donde
    determinados procesos solo son posibles de sostener a través de la
    teoría, bajo ciertos modelos y condiciones, derrumbando la noción de
    Laplace, quien había
    afirmado que el Universo era completamente determinista, y que bastaba
    conocer un conjunto de leyes en un instante de tiempo del Universo,
    para predecir lo que sucedería en otro instante de tiempo.
    Sin embargo, será desde la física donde vendría un nuevo argumento
    para liquidar toda viabilidad del conocimiento astrológico,
    específicamente, con el principio de incertidumbre, que enuncia Werner
    Heisenberg, en 1927. Este principio sostiene que existe un límite de
    precisión para determinar las coordenadas de un suceso dado, a escala
    subatómica. Para predecir la posición y velocidad futuras de una
    partícula, hay que tener la capacidad de medir con precisión la
    posición y velocidad actual de esta. El modo obvio de hacerlo, es
    iluminando con luz una partícula. Como algunas de las ondas de luz son
    dispersadas por la partícula, es posible constatar su posición.
    Sin embargo, no es posible determinar la posición de la partícula con
    mas precisión que la que se produce entre dos crestas consecutivas de
    una onda de luz (la ondulación de la luz forma crestas y valles). Para
    poder medir con mas precisión se requiere de luz de onda más corta,
    pero, como ello no es posible, porque las ondas de luz y rayos X, no
    se pueden emitir en cantidades arbitrarias (constante de Planck), no
    existe la posibilidad de determinar la dirección de una partícula, y,
    en consecuencia, su velocidad, sino entre dos cretas de una onda de
    luz. Así, cuanto mayor sea la precisión necesaria para predecir la
    posición de una partícula, menor será la precisión para medir su
    velocidad, y viceversa.
    Heisemberg señaló que la incertidumbre en la posición de una
    partícula, multiplicada por la incertidumbre en su velocidad y por la
    masa de la partícula, nunca puede ser más pequeña que una cierta
    cantidad. Este límite no depende de la forma en que se trata de medir
    la posición o velocidad de un tipo de partícula, sino que es una
    propiedad fundamental, ineludible, del mundo. Hawking sostiene que el
    principio de incertidumbre marcó el final del sueño de Laplace, ya que
    no se puede predecir los acontecimientos futuros con exactitud, si ni
    siquiera se puede medir el estado presente del universo en forma
    precisa. Este principio tiene efectos en la astrología de un modo
    concluyente, ya que sería imposible establecer efectos físicos de los
    planetas o astros, sobre el proceso de la natividad de un individuo,
    en fenómenos que ocurran – vía fuerzas y/o energías – en escalas
    mayores a la velocidad de la luz.
    LA APOLOGIA DEL CONOCIMIENTO ASTROLOGICO.
    Frente a la refutación cultural.
    La primera comprobación que debemos reconocer respecto del
    conocimiento zodiacal, es que, como toda forma del conocimiento
    humano, está expresada a través de la acción de estudiosos serios, por
    un lado, y por otro, de charlatanes que hacen un uso perverso de
    ciertos aspectos de ese conocimiento. Es lo que ocurre con otras
    disciplinas del conocimiento. ¿Cuantos falsos médicos, por ejemplo,
    encontramos hoy día, encastillados en ciertas atalayas de las
    comunicaciones, entregando un falso conocimiento doctoral, medrando
    sobre la base de la labor anónima de aquellos que honestamente se han
    entregado a la labor de buscar soluciones al sufrimiento humano, a
    través del estudio y la honesta dedicación? ¿Se desprestigia la labor
    del médico consagrado, por la acción de aquellos que hacen usufructúo
    del conocimiento medicinal para enriquecerse, gracias a manejar
    ciertas técnicas y conocimientos? En virtud de esta consideración, si
    asignamos validez de estudio zodiacal, a aquello que hacen
    los quirománticos, los brujos, los horoscopistas matutinos, los
    timadores de la adivinanza, o los escrutadores de bolas de cristal, no
    estamos siendo realmente rigurosos, y solo estamos siendo inocentes
    víctimas de nuestros propios prejuicios. No corresponde, con verdadero
    rigor intelectual, poner en una misma balanza, lo que ha sido al
    aporte de grandes sabios al conocimiento astrológico, a través de los
    tiempos, con el usufructúo de los oportunistas. Un segundo criterio
    apologético es el planteamiento que contradice la visión cultural anti-
    astrológica. Este punto de vista nos señala que la astrología, como
    método de estudio zodiacal, no se encuentra concluido en sus alcances
    ni absolutamente definido en su ámbito de investigación. La
    astrología, como todas las metodologías del conocimiento humano, está
    sujeta a profundización, modificaciones, correcciones y
    perfeccionamiento. De hecho, los verdaderos astrólogos consideran que
    el estudio astrológico aún tiene mucho que aprender de los fenómenos
    astrales, como el hombre mismo tiene mucho que aprender aún del
    Universo. Por lo cual, la astrología tiene las debilidades e
    insuficiencias que puede caracterizar a otros campos del saber. En la
    medida que la astrología vuelva por sus fueros en el ámbito de la
    investigación científica, que las instituciones de investigación
    abandonen sus prejuicios, en la medida que la rigidez empírica
    abandone los ámbitos académicos, será posible que la astrología
    adquiera un nuevo desarrollo, y muchas de sus insuficiencias podrán
    superarse. Un tercer aspecto, dice relación con los alcances que tiene
    la influencia astral en nuestro planeta. Los estudios y metodologías
    existentes indican que la influencia de los astros se manifiesta en
    todo el globo terrestre, a pesar de que el modelo de estudio esté
    planteado ecuatorial o inter-tropicalmente. Es posible que los efectos
    de la influencia astral puedan sufrir variaciones de un tipo no
    definido aún, debido a la mayor o menor distancia relativa del punto
    exacto de perpendicularidad del efecto astral, pero, ello no impide
    que ese efecto sea aplicable sobre cada parte de nuestro planeta. Es
    como lo que ocurre con la luz del Sol: los efectos de intensidad y
    perdurabilidad están sujetos a variaciones, en el norte y sur
    ecuatorial, por el efecto del desplazamiento del eje de la Tierra a
    través de año, pero, ello no es óbice para que la luz del sol tenga
    efecto sobre todo el planeta. Por lo que, la fustigación anti-
    astrológica, respecto del origen inter-tropical del estudio zodiacal
    queda desechada en su fundamento. Respecto la imposibilidad de aplicar
    el estudio astrológico fuera de nuestro planeta, no es algo que sea
    posible de determinar aún. El hombre solo a explorado la Luna, es
    decir, aún no sale del ámbito propio de nuestro planeta. Eso, en
    verdad, es una falencia que tienen muchas ciencias que son aplicables
    solo a escala terrestre. La física ha demostrado taxativamente, que
    determinados fenómenos se expresan a una escala, y que, en otra
    escala, ellos se expresan de otro manera. Por lo demás, ya existen
    visiones distintas dentro de la astrología, que demuestran
    perspectivas de estudio distintas. De la escuela zodiacal tradicional,
    se ha desprendido una escuela sideral, que no basa su estudio en los
    astros y planetas solares, sino en relación con
    las constelaciones. Incipientemente, también debemos constatar que se
    comienza a expresar una escuela astrológica holónica, que busca
    relacionar el estudio zodiacal tradicional con las revisiones
    metodológicas de la ciencia. Por último, las presuntas incoherencias
    que hay entre las casas zodiacales y las constelaciones que le dan
    nombre, ellas parten de un criterio equivocado. Desde el punto de
    vista del estudio zodiacal tradicional, las constelaciones no tienen
    relevancia, salvo haber utilizado sus nombres para designar a los
    signos o casas. Por otro lado, la naciente astrología sideral, no
    tiene como referencias exclusivas a aquellas constelaciones, sino el
    conjunto del universo conocido por el hombre.
    Frente a la refutación religiosa.
    La apología del estudio astrológico, con relación a la refutación
    religiosa, afirma que ésta no niega, ni relativiza, ni soslaya la
    divinidad. Por el contrario, como lo afirmaban los teólogos
    renacentistas, la creación de Dios está a disposición del Hombre para
    ser descubierta en todas sus maravillas.
    Si Dios impone su voluntad en la Naturaleza, ella sigue estando antes
    que los fenómenos posibles de constatar a través del estudio zodiacal,
    y la astrología es, como otras formas de conocimiento humano, una
    alternativa mas del ser humano, que dispone para escrutar el designio
    divino.
    Pretender que solo la religión es el único camino para descubrir a
    Dios, o para interpretar sus designios, para descubrir la verdad, es
    la misma pretensión de detentar la verdad que pueden tener la ciencia
    o cierta filosofía. La posición excluyente, que optan los religiosos,
    es propia del fundamentalismo que se manifiesta en las creencias de
    las personas, ante sus propias debilidades.
    Frente a la refutación cientifiquista.
    Los científicos de la modernidad, han anatemizado a la astrología de
    un modo determinante.
    Conceptualmente, desde un punto de vista axiológico, la ciencia lejos
    de marginar a la astrología, la acoge. Pero, quienes han hecho
    ciencia, se han negado a aceptarla, por no responder a ciertos
    parámetros de investigación y por estar fundamentada en errores. Sin
    embargo, ante esa afirmación, es válida la interrogante planteada
    desde el ámbito de la astrología, en cuanto a que ¿si la astrología se
    ha sostenido en un error, cuantos errores han sostenido aquellas
    ciencias basadas en la metodología empírica? Por lo demás, ¿es
    importante que la astrología sea una ciencia, en vez de ser, como lo
    es, una forma de conocimiento? El anatema empírico contra la
    astrología, sin embargo, ha comenzado a derrumbarse con las nuevas
    percepciones del hombre. La emergencia de las nuevas visiones, que han
    cambiado la interpretación del hombre y del universo, producto de los
    propios descubrimientos científicos, y la revalorización de la
    metafísica como camino de búsqueda, hacen posible una comprensión
    distinta del antecedente astrológico. La teoría holónica o Teoría
    General de Sistemas –TGS – propuesta por Von Bertalanffy, ha
    permitido, de un modo importante, dar un nuevo aliento al conocimiento
    astrológico o zodiacal. Contra la crisis gnoseológica planteada por el
    pensamiento empírico-reduccionista, la TGS propone la integración de
    las ciencias naturales y sociales, a través de principios conceptuales
    y metodológicos unificadores.
    La noción predominante, bajo esta teoría, es que hay "una totalidad
    orgánica", la cual es dicotómica con el paradigma anterior que se
    funda en una imagen inorgánica de la vida y la realidad. Si entendemos
    la vida y el Cosmos como un sistema, en el cual están expresadas las
    nociones de la TGS, no nos puede sorprender que la (s) relación (es)
    interna (s) o externa (s), del o los sistemas que lo integran, apuntan
    a expresar, de un modo evidente, el valor de una teoría como la que,
    en lo sustancial, la astrología expone. Objetivamente, la relación
    entre los elementos de un sistema y su ambiente, es un hecho
    inevitable del proceso vital. En el mismo sentido, la visión bioética,
    que ha configurado uno de los grandes cambios en la percepción de la
    vida, y que nos lleva a asumir ante nuestras consciencias la
    constatación que el proceso de la vida es mucho más inconmensurable
    que nuestra cotidianeidad antropológica. Entender el proceso de la
    vida, mas allá de nuestras propias necesidades como especie, requiere
    entender que, intrínsecamente, somos solo una parte ínfima en un
    Universo vital, al cual estamos indisolublemente ligados.
    Por último, en el capítulo anterior, desde un punto de vista
    científico, indicábamos que con el principio de incertidumbre se había
    llegado a la conclusión definitiva, en cuanto a la imposibilidad
    humana de predecir el futuro, ya que físicamente ello tenía la
    insalvable barrera de predecir la dirección y velocidad de una
    partícula entre dos crestas de una onda de luz (nada hay más rápido
    que la luz). https://groups.google.com/forum/#!searchin/secreto-masonico/gravitatoria$20%7Csort:relevance/secreto-masonico/-unT9sVvlwM/xXwHPFvkgIYJ

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