viernes, 15 de noviembre de 2013

L SIMBOLISMO ZODIACAL EN EL TEMPLO MASONICO 2 (6) Vicente Alcoseri

Simbolismo : EL SIMBOLISMO ZODIACAL EN EL TEMPLO MASONICO 2 

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(Mensaje original) Enviado: 14/06/2006 08:29 p.m. 
En un trabajo titulado "Refilosofía", propuse el siguiente criterio, 
que quiero traer a colación en esta oportunidad: "...el Humanismo
renacentista estuvo predominado ampliamente por el antropocentrismo,
es decir, aquella condición en la cual el hombre era puesto al centro
de la Naturaleza, en armonía con un Universo que era comprensible -
dentro de los límites del conocimiento de la época - respecto del
transcurso humano. En cambio, lo que predomina a partir del apogeo
modernista, es el antropicismo, que pone al hombre sobre la
Naturaleza, la que supone funcional al propósito humano. Ergo, siendo
el hombre parte de esa Naturaleza, éste se hace también funcional al
hombre".
La ruptura con la astrología y el conocimiento zodiacal, se produce
cuando la cultura europea opta abiertamente por un conocimiento
espiritualmente neutral. Interesa del estudio de los astros solo
aquello que permita definir las leyes que los gobiernan, no la
relación de los astros con los hombres. En lo mismo que ocurre con el
alquimismo, donde se acepta el manejo de las sustancias químicas,
pero, no cualquier valoración de tales sustancias, como elementos de
la naturaleza que forman parte de un sistema común, del cual es parte
el ser humano. La ruptura con la astrología, es, ni más ni menos, que
la ruptura con una concepción de la realidad, de la vida y del
Universo, para imponer una concepción de la Naturaleza "objetiva",
neutra, amoral, ideologizada. Tal, pues, que, la depredación del medio
ambiente, el deterioro progresivo de los recursos, la deshumanización,
han sido expresiones de un gran desequilibrio que se producirá en
adelante con la incontrolable acción transformadora del hombre, que
busca, en la conquista de la Naturaleza, un exclusivo beneficio
material.
LA ASTROLOGIA EN LA MODERNIDAD.
Una de las características del mundo cultural, determinado por la
concepción occidental – empírica y reduccionista -, que podemos
calificar de "cientifiquista", es el manifiesto desprecio por todo
aquello que no está caracterizado por la impronta científico-empírica.
Todo aquello que tenga otros componentes, otras raíces, otros
parámetros de análisis, ha sido catalogado de
"sospechoso", "subjetivo", "arcaico", "mitológico", "retrasado",
"ignorante", "charlatanería", etc. De este modo, se ha minusvalorado
conocimientos ancestrales, formas de vida, comunidades sostenidas
sobre otros basamentos espirituales. Basados en una idea de "progreso"
que implica esencialmente una agresión cultural, una dictadura
espiritual, se ha impuesto un molde único, una forma de entender la
realidad, en que solo puede tener valor aquello que es calificado como
moderno, científico o racional.
La ruptura del equilibrio espiritual de muchas pequeñas
civilizaciones, en los últimos 100 años, el avasallamiento de las
culturas autóctonas, el envilecimiento de la idea de desarrollo, la
imposición de una concepción espiritual excluyente, han marcado con
patetismo el rumbo de una civilización que lo domina todo, que
destruye toda originalidad civilizacional, y que moteja de modo
categórico lo que no se encuadra en sus parámetros exclusivos. La
ruptura, hacia finales del Renacimiento, entre la ciencia, la
filosofía y la religión, provocará la progresiva fragmentación del
conocimiento.
En la medida que se consolidó la visión empírica de la ciencia,
progresivamente, se inició una fuerte arremetida contra el estudio
zodiacal, que fue considerado cercano a la superchería. Contribuyó a
esa embestida la Iglesia Católica, desde sus esferas de poder
político, en las cortes europeas. Emblemático en esa escalada, será el
Ministro de Luis XIV, rey de Francia, Jean-Baptiste Colbert, que, en
1666, ordenó excluir la astrología de la Universidad de París. En
tanto, la superación del sistema ptolomeico, será decisiva para la
separación de la astrología y de la astronomía. Ello obligó a los
estudiosos de la primera, a revisar profundamente sus premisas
teóricas y sus métodos de trabajo. No obstante, aquello permitió
también superar muchas de sus debilidades, pues, pudieron resolverse
muchos de los problemas interpretativos que permanecían poco claros
bajo el esquema geocéntrico. Al respecto, Sementovsky-Kurilo sostiene
que "la sustitución del sistema geocéntrico por el heliocéntrico, no
significaba sino la desviación del punto de observación, un cambio de
perspectiva, por lo que, la relación real entre el cosmos y el hombre,
no sufrió ningún cambio fundamental". Con todo, la dispersión de las
ideas cosmológicas y la consiguiente disgregación de todo el complejo
astrológico, en campos de observación independientes, será una de las
causas de la carencia de una visión humanista. Contribuirá, en esa
perspectiva, el concepto cartesiano donde solo es considerada aquella
que se basa en principios racionalistas y empíricos. Uno de los
esfuerzos realizados para recuperar esas perdidas visiones, aunque
solo de un modo parcial, fue el realizado por Helena Blavatsky
(1831-1891), al dar forma a una visión que llamó teosófica, pero, que
tenía la limitación de ubicarse solo en un ámbito esotérico. Revisando
las ciencias actuales, tal vez solo la física moderna y la biología,
así como el pensamiento holónico y el pensamiento complejo, sean los
espacios que tienden a recuperar aquella intensión de sabiduría, que
la especialización reduccionista ha buscado sepultar.
La astrología, en las últimas décadas, ha ido recuperando su prestigio
en ciertos círculos científicos e intelectuales. En cierto modo,
contribuyó a ello, la opinión de Carl Gustav Jung, en la primera parte
del siglo XX, que consideró los fenómenos zodiacales, de manera
franca, para explicar muchos de los problemas de la mente humana.
Promotor de la psicología de la profundidad, Jung ha permitido
encontrar, en su trabajo sobre el inconsciente colectivo, una
persuasiva conformación científica de la astrología contemporánea.
Según sus estudios, los elementos de la astrología presentan todas las
características de lo que llama "elementos integrantes de la
estructura arquetípica del alma humana". En base al concepto
fundamental de los arquetipos, Jung define la astrología como un
método experimental, que permite reconocer las leyes psíquicas y el
conjunto de las características humanas. Con la masificación de la
prensa escrita, desde fines del siglo XIX, se abrió un espacio para la
horoscopea cotidiana, de la mano de oportunistas e inhábiles
astrólogos de baja monta, muchos de los cuales se han movido en el
mínimo espacio de la especulación de las creencias. Objetivamente, su
calificación cae derechamente en la astromancia, y no en la
astrología, los que, lejos de dar prestigio al conocimiento zodiacal,
han contribuido a su desprestigio y a su descalificación.
Pero, ello no ha sido óbice, para que muchas personas, con ideas menos
prejuiciosas, especialmente, personas de estudio y de juicio sereno,
busquen de manera creciente profundizar en el conocimiento
astrológico, y en sus alcances metodológicos. El estudio astrológico
hoy descansa fuertemente sus argumentaciones en las estadísticas, lo
que ha permitido establecer índices de frecuencia, que demuestran
tendencias claras, relativas a la influencia determinativa de los
astros zodiacales en factores tales como: la personalidad, los ciclos
de ciertos procesos fisiológicos, factores de determinación psíquica
de las personas, aspectos referidos a herencia astral, diagnóstico de
enfermedades, etc.
Esto ha provocado que, desde mediados del siglo XX, muchas
investigaciones han descansado en la posibilidad astrológica, tanto en
universidades como en diversos institutos de investigación científica.
En esa misma tendencia, se han fundado organismo e instituciones que
buscan mantener el prestigio y la adecuada interpretación astrológica.
Reputación, en ese ámbito, tiene la Sociedad Internacional de
Investigación Astrológica.
Pero, volviendo a la concepción cosmovisional del Universo, que, luego
de Kepler, se perdiera por la fuerte tendencia cientifiquista, las
nuevas teorías y los cambios en el pensamiento, producidos por la
crisis de la modernidad, permiten vislumbrar una tercera gran
cosmovisión unificadora del pensamiento humano, en que nuevamente
habrá cabida para una concepción interpretativa del hombre, mas
estrechamente relacionada con el Universo en el cual se encuentra.
LA REFUTACION A LA ASTROLOGIA.
En nuestro tiempo, el conocimiento zodiacal y la astrología, como
método de aplicación y estudio, han sido refutados desde diversas
concepciones del pensamiento, muchos de los cuales tienen arraigados
orígenes en la cultura occidental. De modo sintético, podemos hablar
de tres refutaciones fundamentales: la cultural, la científica y la
religiosa. En el campo de la filosofía es poco lo que es posible
constatar, fundamentalmente porque la astrología no ha sido un motivo
de preocupación especulativa, y cuando ha existido una opinión, esta
ha sido adoptada desde los criterios de la religión o de la ciencia.
La refutación cultural.
Esta se funda en las tradiciones anti-astrológicas de nuestra
civilización, con influencias de tipo laica o secular, muchas veces,
con arraigos ideológicos o sociológicos de diverso origen. Se nutre de
aspectos de percepción colectiva, que entiende a la astrología como un
arte propia de la subcultura de la adivinación o de la especulación
ocultista. El uso de la astrología por parte de individuos que se
dedican a beneficiarse de sus supuestas capacidades adivinatorias, a
través de diversos artes – entre ellos, la horoscopea -, ha
contribuido a acendrar la opinión cultural, en una parte de nuestra
sociedad, de que, todo lo relacionado con el estudio zodiacal, tiene
que ver con timadores y charlatanes, o falacia circense.
La creencia de cierta gente, de que la astrología tiene relación con
las llamadas ciencias ocultas o con ciertas energías desconocidas, que
requerirían una especie de iniciación mística para acceder a su
conocimiento, ha contribuido para catalogarla como un arte de
parlanchines. La acusación más común, entonces, señala que la
astrología, es una ciencia falsa, un simple arte o doctrina con
perfiles ocultistas, desprovista de valor ético – una simple creencia
profana -, basada en afirmaciones indemostrables e inverificables.
Algunos de los criterios populares, para denostar el conocimiento
zodiacal, son las siguientes: 1.La división del zodiaco en 12 casa o
signos, es una simple arbitrariedad, lo que demuestra su
inconsistencia. Los distintos sistemas astrológicos, dan como
resultado distintas divisiones, en las distintas escuelas
astrológicas: mesopotámica, grecolatina, china, celta, maya, etc. 2.El
estudio zodiacal tiene su origen y fundamento en las culturas inter-
tropicales (entre los trópicos de Cáncer y Capricornio), donde es
posible establecer los parámetros de la franja zodiacal. La influencia
astral pierde todo sentido sobre esos parámetros, en las regiones
polares, donde se distorsiona la visión de la eclíptica.
3.Las supuestas influencias astrales no son demostrables ni como
fuerzas ni como energías, por lo que son indefinibles.
4.Siendo la astrología un esquema que funciona en la Tierra, sobre la
base de la observación terrestre de los astros, carecería de sentido
ante un eventual nacimiento de un individuo fuera de la Tierra.
5.La relación de los signos zodiacales con las constelaciones que
reciben esos nombres es ridícula, ya que éstas no están comprendidas
en la franja zodiacal.
6.El fenómeno de la precesión equinoccial, o desplazamiento de la
esfera celeste en un movimiento rotatorio, que cada 2.150 años produce
una diferencia de 30 grados, provocando que la franja zodiacal vaya
variando con el paso de los siglos en su ancho, lo cual hace
insostenible la tesis astrológica a través del tiempo.
7.El efecto de los astros sobre la natividad de un individuo es una
falacia, ya que, si hubiese una influencia posible, esta debería
manifestarse en el momento de la gestación, pero, como eso ocurre en
un momento más inestable como dato, no se toma en cuenta. La
refutación religiosa.
Nuestra referencia, para esta refutación, por cierto, se centra en la
opinión de las religiones de origen cristiano – católica y/o
protestantes –cuya presencia es predominante en nuestro ámbito
civilizacional occidental.
La refutación que hacen las religiones, no se centra en una crítica
respecto de los aspectos metodológicos que pueda contener la
astrología, sino que en el fundamento de ella. Bajo el punto de vista
teológico cristiano, la práctica de la astrología es una manifestación
irreligiosa, de claras tendencias paganas, que se manifiesta ante la
falta o la debilidad de la fe.
La existencia de la astrología – como la del tarot, runas, y otras
manifestaciones de tipo adventicio-pagano – es contraria a la debida
observancia de las doctrinas de la Fe.
Teológicamente no es posible concebir la existencia de una práctica o
metodología, que pretenda escrutar el misterio de la concepción humana
o del porvenir, pues, ellos están determinados solo y exclusivamente
por el designio divino.
Para el cristiano, para quien se considera un verdadero creyente, el
hombre está hecho a la imagen de Dios y es producto de su
determinación, y no puede haber otra influencia en el proceso de
natividad de un individuo, que la voluntad de Dios, ya que la vida es
consecuencia de su creación, y solo a él está subordinada.
La refutación científica.
La refutación que la ciencia ha hecho de la astrología, no tiene mas
de tres siglos, puesto que, antes de la separación de la astronomía y
la astrología, esta última era considerada como una ciencia más.
Sin duda, influirán en la refutación científica respecto de la
astrología, la noción científica que se impone a partir a Descartes,
en el siglo XVIII, empírica y reduccionista, y la concepción
newtoniana (recordemos que Newton fue un entusiasta astrólogo) de un
Universo determinado por leyes y por principios matemáticos, que
tendrá su máximo exponente en la noción que entrega el Marqués de
Laplace. Desde un punto de vista clásico, la ciencia es entendida como
un conocimiento sistematizado, organizado a través de la experiencia
sensorial, objetivamente verificable. Tiene, en ese contexto, un valor
universal, que se caracteriza por un método determinado, que se funda
en objetivos controlables, así como en observaciones y pruebas
repetibles y verificables. Hasta hace algunas décadas, se afirmaba que
la ciencia no podía admitir una afirmación que no fuera verificable
desde un punto de vista empírico, y toda búsqueda del conocimiento
tampoco podía desligar la ciencia pura – la investigación científica
sin objetivos concretos – de la ciencia aplicada – la búsqueda de usos
prácticos del conocimiento científico - y de la tecnología, a través
de la cual se hace tangible y práctico el conocimiento científico. De
éste modo, si los preceptos de la astrología no podían ser objeto de
un estudio empírico, si sus conceptos no podían ser reducidos a la más
mínima escala de análisis y verificación, no
tenía valor científico. Dentro del concepto empírico, se llegó a la
conclusión de que, en el estudio de los astros, solo tenía valor el
estudio de las leyes que regían su comportamiento (desplazamiento,
rotación, gravitación, etc.), eliminando toda influencia del logismo,
para dar valor solo al nomismo.
La concepción de la ciencia, en la segunda mitad del siglo XX, sin
embargo, comenzó a variar hacia la segunda mitad, fundamentalmente con
los profundos cambios que se manifiestan a partir de la física, donde
determinados procesos solo son posibles de sostener a través de la
teoría, bajo ciertos modelos y condiciones, derrumbando la noción de
Laplace, quien había
afirmado que el Universo era completamente determinista, y que bastaba
conocer un conjunto de leyes en un instante de tiempo del Universo,
para predecir lo que sucedería en otro instante de tiempo.
Sin embargo, será desde la física donde vendría un nuevo argumento
para liquidar toda viabilidad del conocimiento astrológico,
específicamente, con el principio de incertidumbre, que enuncia Werner
Heisenberg, en 1927. Este principio sostiene que existe un límite de
precisión para determinar las coordenadas de un suceso dado, a escala
subatómica. Para predecir la posición y velocidad futuras de una
partícula, hay que tener la capacidad de medir con precisión la
posición y velocidad actual de esta. El modo obvio de hacerlo, es
iluminando con luz una partícula. Como algunas de las ondas de luz son
dispersadas por la partícula, es posible constatar su posición.
Sin embargo, no es posible determinar la posición de la partícula con
mas precisión que la que se produce entre dos crestas consecutivas de
una onda de luz (la ondulación de la luz forma crestas y valles). Para
poder medir con mas precisión se requiere de luz de onda más corta,
pero, como ello no es posible, porque las ondas de luz y rayos X, no
se pueden emitir en cantidades arbitrarias (constante de Planck), no
existe la posibilidad de determinar la dirección de una partícula, y,
en consecuencia, su velocidad, sino entre dos cretas de una onda de
luz. Así, cuanto mayor sea la precisión necesaria para predecir la
posición de una partícula, menor será la precisión para medir su
velocidad, y viceversa.
Heisemberg señaló que la incertidumbre en la posición de una
partícula, multiplicada por la incertidumbre en su velocidad y por la
masa de la partícula, nunca puede ser más pequeña que una cierta
cantidad. Este límite no depende de la forma en que se trata de medir
la posición o velocidad de un tipo de partícula, sino que es una
propiedad fundamental, ineludible, del mundo. Hawking sostiene que el
principio de incertidumbre marcó el final del sueño de Laplace, ya que
no se puede predecir los acontecimientos futuros con exactitud, si ni
siquiera se puede medir el estado presente del universo en forma
precisa. Este principio tiene efectos en la astrología de un modo
concluyente, ya que sería imposible establecer efectos físicos de los
planetas o astros, sobre el proceso de la natividad de un individuo,
en fenómenos que ocurran – vía fuerzas y/o energías – en escalas
mayores a la velocidad de la luz.
LA APOLOGIA DEL CONOCIMIENTO ASTROLOGICO.
Frente a la refutación cultural.
La primera comprobación que debemos reconocer respecto del
conocimiento zodiacal, es que, como toda forma del conocimiento
humano, está expresada a través de la acción de estudiosos serios, por
un lado, y por otro, de charlatanes que hacen un uso perverso de
ciertos aspectos de ese conocimiento. Es lo que ocurre con otras
disciplinas del conocimiento. ¿Cuantos falsos médicos, por ejemplo,
encontramos hoy día, encastillados en ciertas atalayas de las
comunicaciones, entregando un falso conocimiento doctoral, medrando
sobre la base de la labor anónima de aquellos que honestamente se han
entregado a la labor de buscar soluciones al sufrimiento humano, a
través del estudio y la honesta dedicación? ¿Se desprestigia la labor
del médico consagrado, por la acción de aquellos que hacen usufructúo
del conocimiento medicinal para enriquecerse, gracias a manejar
ciertas técnicas y conocimientos? En virtud de esta consideración, si
asignamos validez de estudio zodiacal, a aquello que hacen
los quirománticos, los brujos, los horoscopistas matutinos, los
timadores de la adivinanza, o los escrutadores de bolas de cristal, no
estamos siendo realmente rigurosos, y solo estamos siendo inocentes
víctimas de nuestros propios prejuicios. No corresponde, con verdadero
rigor intelectual, poner en una misma balanza, lo que ha sido al
aporte de grandes sabios al conocimiento astrológico, a través de los
tiempos, con el usufructúo de los oportunistas. Un segundo criterio
apologético es el planteamiento que contradice la visión cultural anti-
astrológica. Este punto de vista nos señala que la astrología, como
método de estudio zodiacal, no se encuentra concluido en sus alcances
ni absolutamente definido en su ámbito de investigación. La
astrología, como todas las metodologías del conocimiento humano, está
sujeta a profundización, modificaciones, correcciones y
perfeccionamiento. De hecho, los verdaderos astrólogos consideran que
el estudio astrológico aún tiene mucho que aprender de los fenómenos
astrales, como el hombre mismo tiene mucho que aprender aún del
Universo. Por lo cual, la astrología tiene las debilidades e
insuficiencias que puede caracterizar a otros campos del saber. En la
medida que la astrología vuelva por sus fueros en el ámbito de la
investigación científica, que las instituciones de investigación
abandonen sus prejuicios, en la medida que la rigidez empírica
abandone los ámbitos académicos, será posible que la astrología
adquiera un nuevo desarrollo, y muchas de sus insuficiencias podrán
superarse. Un tercer aspecto, dice relación con los alcances que tiene
la influencia astral en nuestro planeta. Los estudios y metodologías
existentes indican que la influencia de los astros se manifiesta en
todo el globo terrestre, a pesar de que el modelo de estudio esté
planteado ecuatorial o inter-tropicalmente. Es posible que los efectos
de la influencia astral puedan sufrir variaciones de un tipo no
definido aún, debido a la mayor o menor distancia relativa del punto
exacto de perpendicularidad del efecto astral, pero, ello no impide
que ese efecto sea aplicable sobre cada parte de nuestro planeta. Es
como lo que ocurre con la luz del Sol: los efectos de intensidad y
perdurabilidad están sujetos a variaciones, en el norte y sur
ecuatorial, por el efecto del desplazamiento del eje de la Tierra a
través de año, pero, ello no es óbice para que la luz del sol tenga
efecto sobre todo el planeta. Por lo que, la fustigación anti-
astrológica, respecto del origen inter-tropical del estudio zodiacal
queda desechada en su fundamento. Respecto la imposibilidad de aplicar
el estudio astrológico fuera de nuestro planeta, no es algo que sea
posible de determinar aún. El hombre solo a explorado la Luna, es
decir, aún no sale del ámbito propio de nuestro planeta. Eso, en
verdad, es una falencia que tienen muchas ciencias que son aplicables
solo a escala terrestre. La física ha demostrado taxativamente, que
determinados fenómenos se expresan a una escala, y que, en otra
escala, ellos se expresan de otro manera. Por lo demás, ya existen
visiones distintas dentro de la astrología, que demuestran
perspectivas de estudio distintas. De la escuela zodiacal tradicional,
se ha desprendido una escuela sideral, que no basa su estudio en los
astros y planetas solares, sino en relación con
las constelaciones. Incipientemente, también debemos constatar que se
comienza a expresar una escuela astrológica holónica, que busca
relacionar el estudio zodiacal tradicional con las revisiones
metodológicas de la ciencia. Por último, las presuntas incoherencias
que hay entre las casas zodiacales y las constelaciones que le dan
nombre, ellas parten de un criterio equivocado. Desde el punto de
vista del estudio zodiacal tradicional, las constelaciones no tienen
relevancia, salvo haber utilizado sus nombres para designar a los
signos o casas. Por otro lado, la naciente astrología sideral, no
tiene como referencias exclusivas a aquellas constelaciones, sino el
conjunto del universo conocido por el hombre.
Frente a la refutación religiosa.
La apología del estudio astrológico, con relación a la refutación
religiosa, afirma que ésta no niega, ni relativiza, ni soslaya la
divinidad. Por el contrario, como lo afirmaban los teólogos
renacentistas, la creación de Dios está a disposición del Hombre para
ser descubierta en todas sus maravillas.
Si Dios impone su voluntad en la Naturaleza, ella sigue estando antes
que los fenómenos posibles de constatar a través del estudio zodiacal,
y la astrología es, como otras formas de conocimiento humano, una
alternativa mas del ser humano, que dispone para escrutar el designio
divino.
Pretender que solo la religión es el único camino para descubrir a
Dios, o para interpretar sus designios, para descubrir la verdad, es
la misma pretensión de detentar la verdad que pueden tener la ciencia
o cierta filosofía. La posición excluyente, que optan los religiosos,
es propia del fundamentalismo que se manifiesta en las creencias de
las personas, ante sus propias debilidades.
Frente a la refutación cientifiquista.
Los científicos de la modernidad, han anatemizado a la astrología de
un modo determinante.
Conceptualmente, desde un punto de vista axiológico, la ciencia lejos
de marginar a la astrología, la acoge. Pero, quienes han hecho
ciencia, se han negado a aceptarla, por no responder a ciertos
parámetros de investigación y por estar fundamentada en errores. Sin
embargo, ante esa afirmación, es válida la interrogante planteada
desde el ámbito de la astrología, en cuanto a que ¿si la astrología se
ha sostenido en un error, cuantos errores han sostenido aquellas
ciencias basadas en la metodología empírica? Por lo demás, ¿es
importante que la astrología sea una ciencia, en vez de ser, como lo
es, una forma de conocimiento? El anatema empírico contra la
astrología, sin embargo, ha comenzado a derrumbarse con las nuevas
percepciones del hombre. La emergencia de las nuevas visiones, que han
cambiado la interpretación del hombre y del universo, producto de los
propios descubrimientos científicos, y la revalorización de la
metafísica como camino de búsqueda, hacen posible una comprensión
distinta del antecedente astrológico. La teoría holónica o Teoría
General de Sistemas –TGS – propuesta por Von Bertalanffy, ha
permitido, de un modo importante, dar un nuevo aliento al conocimiento
astrológico o zodiacal. Contra la crisis gnoseológica planteada por el
pensamiento empírico-reduccionista, la TGS propone la integración de
las ciencias naturales y sociales, a través de principios conceptuales
y metodológicos unificadores.
La noción predominante, bajo esta teoría, es que hay "una totalidad
orgánica", la cual es dicotómica con el paradigma anterior que se
funda en una imagen inorgánica de la vida y la realidad. Si entendemos
la vida y el Cosmos como un sistema, en el cual están expresadas las
nociones de la TGS, no nos puede sorprender que la (s) relación (es)
interna (s) o externa (s), del o los sistemas que lo integran, apuntan
a expresar, de un modo evidente, el valor de una teoría como la que,
en lo sustancial, la astrología expone. Objetivamente, la relación
entre los elementos de un sistema y su ambiente, es un hecho
inevitable del proceso vital. En el mismo sentido, la visión bioética,
que ha configurado uno de los grandes cambios en la percepción de la
vida, y que nos lleva a asumir ante nuestras consciencias la
constatación que el proceso de la vida es mucho más inconmensurable
que nuestra cotidianeidad antropológica. Entender el proceso de la
vida, mas allá de nuestras propias necesidades como especie, requiere
entender que, intrínsecamente, somos solo una parte ínfima en un
Universo vital, al cual estamos indisolublemente ligados.
Por último, en el capítulo anterior, desde un punto de vista
científico, indicábamos que con el principio de incertidumbre se había
llegado a la conclusión definitiva, en cuanto a la imposibilidad
humana de predecir el futuro, ya que físicamente ello tenía la
insalvable barrera de predecir la dirección y velocidad de una
partícula entre dos crestas de una onda de luz (nada hay más rápido
que la luz). https://groups.google.com/forum/#!searchin/secreto-masonico/gravitatoria$20%7Csort:relevance/secreto-masonico/-unT9sVvlwM/xXwHPFvkgIYJ

(6) Vicente Alcoseri



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